Acabó la COP30, la “COP de la Amazonía”, en Belém, Brasil. El escenario no podía ser más simbólico: el calor húmedo del bosque, la inmensidad del río Guamá y la urgencia palpable de un bioma al borde del colapso. La expectativa era clara: este sería el momento en que el mundo finalmente operacionalizaría el vínculo entre la conservación de los bosques y la estabilidad climática.
Sin embargo, mientras las delegaciones retornan a casa, nos queda una contradicción contundente: la paradoja de Belém.
Aunque la cumbre lanzó nuevos instrumentos financieros y reforzó el reconocimiento de los derechos de los Pueblos Indígenas, el texto vinculante final, el Mutirão Global, guarda un silencio notable sobre el compromiso que más importa en este momento: una hoja de ruta concreta y obligatoria para detener la deforestación.
Aquí presento mi evaluación de lo que ocurrió, lo que muestran los datos y hacia dónde debemos ir.
El recinto de la COP30 en Belém, Brasil, donde las negociaciones finalizaron sin un compromiso global vinculante para detener la deforestación. Foto: Climate Acceptance Studios.
1. La evaluación realista del “Mutirão”: diplomacia vs. biofísica
La Presidencia brasileña impulsó con determinación dos hojas de ruta ambiciosas: una para eliminar progresivamente los combustibles fósiles y otra para detener la deforestación. La estrategia consistía en vincularlas, reconociendo lo evidente: no podemos salvar la Amazonía si la temperatura del planeta continúa en niveles récord.
La estrategia se revirtió en su contra. En las últimas horas de negociación, la oposición de los Like-Minded Developing Countries (Países en Desarrollo con Ideas Afines) y de los grandes países petroleros llevó a retirar la hoja de ruta sobre combustibles fósiles. En medio del costo diplomático, también se eliminó del texto vinculante la hoja de ruta para frenar la deforestación.
¿El resultado? El Mutirão Global se centra en adaptación y cooperación general, pero carece del peso de un compromiso obligatorio para detener la pérdida de bosques. En su lugar, las hojas de ruta se lanzaron como iniciativas voluntarias, alianza de quienes están dispuestos a actuar, más que un mandato global.
Conclusión clave: El proceso de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) demostró ser incapaz de integrar la complejidad del nexo bosque–clima. Hemos pasado, en la práctica, de un enfoque basado en el consenso a uno plurilateral, donde el progreso depende de clubes voluntarios de países y no de la ley global.
2. Los datos no pueden ser más claros: las reglas del juego han cambiado
Mientras los diplomáticos debatían textos, la biosfera contaba otra historia. Los datos de 2024 y 2025 muestran que los impulsores de la deforestación están cambiando de manera peligrosa.
- Estamos 63 % fuera de la trayectoria: Para cumplir la meta de deforestación cero al 2030 se necesitaban reducciones anuales significativas. En cambio, las tasas de 2024 permanecieron muy por encima de lo requerido.
- El fuego es la nueva motosierra: Históricamente, la agricultura (soja, carne, etc.) era el principal motor de la pérdida de bosques. En 2024, por primera vez en muchas regiones, el fuego superó a la expansión agrícola como causa de pérdida de bosques primarios.
- El ciclo de retroalimentación: Las sequías inducidas por el clima están secando los bosques tropicales, haciéndolos altamente susceptibles a incendios que liberan enormes cantidades de CO₂, lo que a su vez impulsa más calentamiento. Esto confirma el argumento central de Brasil: no podemos resguardar los bosques de manera aislada si las temperaturas siguen subiendo.
3. El lado positivo: financiamiento y derechos
Si bien el resultado político fue decepcionante, los elementos financieros y de derechos ofrecen un rayo de esperanza.
El Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF)
Este fue el gran pedido de Brasil.
- Lo bueno: El mecanismo es innovador y fue oficialmente lanzado. Paga a los países por mantener bosques en pie como un activo, no solo por reducir la deforestación.
- Lo malo: Aseguró compromisos iniciales por 6 600 millones de dólares, una suma significativa pero muy por debajo de los 25 000 millones necesarios para cambiar los incentivos globales. Su modelo de financiamiento conlleva riesgos y la implementación será crucial.
Gestión indígena del territorio
El Mecanismo de Acción de Belém y la demarcación de nuevos territorios, incluidos 14 en Brasil, marcan un cambio: dejar de ver a los Pueblos Indígenas como actores externos para reconocerlos como socios clave de implementación. Sin un compromiso global vinculante para detener la deforestación, garantizar la tenencia de tierras indígenas podría ser ahora la política climática más efectiva.
La étnia Yanesha habita en la selva central del Perú, incluyendo el área del Parque Nacional Yanachaga Chemillén. Foto: Marlon del Águila/ASL
4. ¿Qué viene ahora?
Belém dejó claro que no existe un consenso geopolítico para eliminar la deforestación mediante un acuerdo vinculante. La era de depender de las negociaciones de la ONU para “prohibir” la deforestación parece haber terminado.
El camino por seguir descansa en tres pilares:
- Mercados de carbono de alta integridad
Con el Artículo 6.4 operacionalizado, debe fluir capital privado hacia la restauración de bosques a una escala sin precedentes. Sin embargo, el mercado sigue atrapado en una visión centrada únicamente en el carbono. La captura de carbono importa, pero los bosques ofrecen beneficios más inmediatos para la regulación del agua, la temperatura local y la biodiversidad.
- Hacer que el TFFF funcione
Los compromisos deben desplegarse rápidamente para demostrar que el modelo es viable y capaz de atraer capital institucional hasta alcanzar la meta de 25 000 millones de dólares. Será necesaria una revisión exhaustiva para corregir fallas de diseño.
- Atender las cadenas de suministro
Con el proceso de la ONU estancado, regulaciones como el Reglamento sobre Productos Libres de Deforestación de la Unión Europea (EUDR) y las medidas emergentes en China y el Reino Unido están convirtiéndose en las reglas globales de facto para los productos con riesgo forestal.
Conclusión
La COP30 fue la “COP de los Bosques” sin un mandato forestal. Tenemos el diagnóstico —el Balance Global (Global Stocktake o GST)— y la prescripción —detener la deforestación—, pero el paciente rechazó el tratamiento. El esfuerzo para salvar los bosques del mundo se traslada ahora de las salas de negociación a los mercados, los tribunales y los territorios donde las personas los defienden cada día.








