La crisis forestal es una prueba tecnológica y moral al mismo tiempo. Las soluciones por fin están a nuestro alcance, pero su éxito depende de una pregunta esencial: ¿quién lidera?
Durante demasiado tiempo, la respuesta ha seguido un patrón familiar. La narrativa repetida como un mantra: “Expertos globales del norte vienen, ayudan, diseñan, financian y se van”. La crisis climática —y aún más la crisis forestal— a menudo se ha tratado como algo que debe resolverse desde otro lugar, diseñarse desde otro lugar y financiarse desde otro lugar.
Sin embargo, en el reciente Orange Forum en Yakarta, varias intervenciones resonaron con fuerza; surgió un tono diferente, expresado no en declaraciones, sino en preguntas incisivas que fueron al corazón del asunto.
¿Quién se beneficia?
- “Arquitectura de subvenciones vertical, propia del mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial”;
- “Finanzas para el bien, ¿pero finanzas para quién?”;
- “Acción climática para el bien, ¿pero acción climática para quién?”;
¿Quién lidera?
- “Solo haremos la transición si no estamos dictados por la taxonomía del Norte”;
- “Necesitamos respuestas de política coherentes desde el sur global para contrarrestar la hegemonía del norte”;
¿Qué fundamentos?
- “La inclusión no debe ser una aspiración, sino la base”;
- “Pasar de solo contar la participación de las mujeres a valorar su contribución a la sociedad y a la economía”.
Estas no son consignas. Revelan una profunda línea de falla en cómo financiamos, gobernamos y valoramos las soluciones basadas en la naturaleza. Si quienes están más cerca de los bosques amenazados no están en el centro del diseño, del liderazgo y del beneficio, entonces corremos el riesgo de reproducir los mismos patrones extractivos que afirmamos querer transformar.
Una comunidad en las faldas de la cordillera forestal de Atewa en Ghana, donde los paisajes forestales y los medios de vida locales se cruzan con las decisiones nacionales sobre la protección y la financiación de los bosques. Foto: Ahtziri Gonzalez / CIFOR-ICRAF
Un imperativo moral con su contraparte financiera
Esta urgencia moral ahora tiene una contraparte financiera. El Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por sus siglas en inglés), liderada por Brasil en asociación con países ricos en bosques como Indonesia y la República Democrática del Congo (RDC), y con capital público/privado, ofrece una arquitectura que se aleja del modelo vertical y condicionado por donantes. Como explica Robert Nasi, director de ciencia de CIFOR-ICRAF, la cifra de 4 dólares por hectárea que suele citar la prensa pierde el punto: no es un pago directo a agricultores, sino parte de un bono de desempeño a nivel soberano.
El mecanismo
Un fondo de inversión de financiamiento combinado de aproximadamente 125 mil millones de dólares busca entregar pagos anuales multimillonarios a los países forestales.
La estructura de incentivos
Los 4 dólares por hectárea no buscan competir con las ganancias de convertir bosques a palma aceitera o soya. En cambio, establecen un umbral: los países que se adhieren y mantienen la deforestación por debajo de los límites acordados siguen siendo elegibles para fuertes retornos. Si exceden esos límites, las penalidades reducen drásticamente sus pagos.
Por qué importa
El valor no está en la cifra por hectárea, sino en flujos presupuestarios previsibles y a gran escala, vinculados a gobernanza, monitoreo y certeza de largo plazo, que permiten pasar de proyectos dispersos a la gestión forestal a nivel nacional.
Pero la verdadera prueba no es el dinero. Es quién lidera, quién se beneficia y cómo se diseña el sistema. Aquí es donde las voces del sur global —y expertas en finanzas inclusivas como Durreen Shahnaz— se vuelven esenciales.
Un cambio en dónde se diseña la financiación forestal
El TFFF importa porque es uno de los primeros grandes instrumentos de financiamiento forestal liderados desde el sur global (Brasil, entre otros), no para el sur global. Cambia la toma de decisiones de los microproyectos hacia los presupuestos nacionales, del dictado de donantes hacia el liderazgo de los beneficiarios. Alinea la protección de bosques con el retorno financiero, usando gobernanza y desempeño en lugar de caridad.
Otros esfuerzos también avanzan en esta dirección, como la Alianza de Líderes por los Bosques y el Clima (FCLP, por sus siglas en inglés). Hasta la fecha, seis países —República Democrática del Congo, Gabón, Colombia, Ghana, Papúa Nueva Guinea y República del Congo— han lanzado Paquetes País para bosques, clima y naturaleza. Diseñados y liderados por los propios gobiernos, se basan en prioridades, políticas y legislación nacionales y locales, lo que garantiza propiedad y adecuación al contexto.
Durreen Shahnaz ha sido una voz clave para promover finanzas inclusivas y sostenibles, argumentando que el capital debe ser accesible, responsable y alineado con realidades locales. Aplicado al financiamiento forestal, esto implica:
- Si los bosques forman parte de una solución basada en la naturaleza, entonces las mujeres, los Pueblos Indígenas y la juventud que los cuidan deben ser codiseñadores, no solo beneficiarios.
- La inclusión no es un casillero por marcar: es un pilar para el desempeño, la confianza y la legitimidad.
- La financiación para la naturaleza no debe replicar modelos extractivos disfrazándolos de verde.
El TFFF —y cualquier instrumento financiero para detener la deforestación— debe incorporar estos principios o corre el riesgo de ser un status quo vestido de verde.
Las mujeres de la comunidad yánesha desempeñan un papel fundamental en la gestión de los paisajes forestales, lo que refleja la importancia del liderazgo inclusivo para lograr una financiación forestal justa y eficaz. Foto: Marlon del Águila/ CIFOR-ICRAF
Tres pilares para un financiamiento forestal inclusivo con sentido
1. Gobernanza equitativa y distribución de beneficios
- Los países forestales deben controlar el diseño, la gobernanza y la asignación de fondos.
- Los recursos deben llegar a quienes están en primera línea: comunidades que viven cerca a los bosques, organizaciones de mujeres y Pueblos Indígenas.
- Las métricas deben valorar la contribución de género, el liderazgo comunitario y los resultados sociales, no solo las hectáreas preservadas.
2. Alineación de políticas y agencia local
- El financiamiento sin políticas es débil: importa si los gobiernos pueden y quieren hacer cumplir la protección forestal, reorientar subsidios para hacer competitivo el sector forestal y asegurar que las ventanas de financiamiento sean inclusivas.
- El mensaje desde Yakarta —“solo transitamos si no estamos dictados por la taxonomía del norte”— significa que las soluciones deben construirse alrededor de realidades económicas locales.
- El sur global debe proveer las respuestas de política: los marcos temáticos deben ser liderados por el sur.
3. Escala, permanencia y diseño transformador
- Como señala Robert Nasi, la cifra de 4 dólares es simbólica: la palanca real está en la garantía estructural, la escala (meta de 125 mil millones) y la mecánica de riesgos/penalidades.
- Esto debe trasladar la protección forestal del proyectismo voluntario al corazón de la economía y las finanzas nacionales.
- El objetivo debe ser un escenario en el que un bosque en pie sea más valioso que la deforestación. Eso cambia comportamientos.
- Monitoreo, transparencia y rendición de cuentas importan. Si dependemos solo de “bonitos proyectos”, fracasaremos.
Lo que ya muestran décadas de evidencia
En CIFOR-ICRAF, 45 años de intervenciones de ciencia aplicada demuestran que la inclusión equitativa fortalece las iniciativas forestales y de paisaje. Cuando mujeres y hombres tienen derechos de tenencia seguros, participación real en la toma de decisiones, distribución de beneficios con enfoque de género y reconocimiento de diversos sistemas de conocimiento forestal, los resultados de conservación son más sólidos y sostenibles. Nuestro trabajo en restauración de paisajes forestales muestra que cuando las mujeres lideran la planificación y la gobernanza, el compromiso local aumenta y los resultados ecológicos mejoran.
El TFFF podría ofrecer una plataforma poderosa —si se compromete con escala, liderazgo local, transparencia y equidad—. Las soluciones basadas en la naturaleza no deben ser versiones reempaquetadas de antiguos enfoques, sino modelos rediseñados basados en principios tanto “verdes” como “naranja”.
Preguntas simples, respuestas difíciles
El TFFF representa un giro en quién diseña el financiamiento forestal.
La prueba es clara.
Dentro de cinco años, ¿dirán las comunidades forestales que este mecanismo las empoderó o que las pasó por alto? ¿Las mujeres y los pueblos indígenas serán codiseñadores o quedarán solo en un rol consultivo? ¿El sur global liderará o simplemente participará?
Estas no son preguntas aspiracionales. Son métricas de desempeño.
La tecnología existe. El capital existe. Lo que falta es el coraje moral para construir sistemas correctamente, con las y los guardianes del bosque en el centro, no en los márgenes.
Porque si volvemos a equivocarnos, puede que no tengamos una tercera oportunidad.








