La lepra (causada por la bacteria Mycobacterium leprae) sigue siendo un problema de salud pública en las regiones tropicales del continente americano. La enfermedad afecta principalmente la piel y los nervios periféricos y, hasta hace poco, se pensaba que se transmitía principalmente de persona a persona a través de gotículas respiratorias. Sin embargo, cada vez hay más evidencia de que los armadillos también pueden transmitir la enfermedad a los seres humanos, especialmente cuando son cazados y manipulados directamente.
Se estima que el 25 % de todos los nuevos casos de lepra en Brasil están actualmente relacionados con los armadillos, y esa cifra aumenta hasta el 40 % en los focos de deforestación, como el llamado “arco de deforestación” de la Amazonía.
Estos hallazgos provienen de un estudio publicado en 2025 en la revista Infectious Diseases of Poverty, que identifica las zonas donde la transmisión de lepra de armadillos a humanos es más frecuente y dónde las intervenciones de salud pública pueden ser más efectivas.
A partir de más de 326 000 casos de lepra reportados en Brasil entre 2013 y 2022, y de un conjunto de datos de 554 armadillos cazados en 175 municipios, los investigadores desarrollaron un modelo para estimar el riesgo de infección asociado a la caza de armadillos. También identificaron otros factores que aumentan ese riesgo, entre ellos la mayor densidad poblacional, la degradación ambiental (deforestación), la desnutrición y las condiciones socioeconómicas.
Hani Rocha El Bizri, autor principal del estudio y coordinador de la Plataforma de Asociación Transformadora para el Uso Sostenible de Especies Silvestres (SU-TPP, por sus siglas en inglés), conversó con Forests News sobre estos hallazgos.
¿Cuál es el vínculo entre la caza de armadillos, la deforestación y la lepra en Brasil?
El hallazgo más importante del estudio es que se estima que el 25 % de todos los nuevos casos de lepra en Brasil están relacionados con la caza y el consumo de carne de armadillo.
Antes de este estudio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya reconocía un vínculo entre los armadillos y la transmisión de la lepra. En Estados Unidos se habían reportado algunos casos humanos cuyo genotipo de la bacteria Mycobacterium leprae coincidía con el encontrado en armadillos. Sin embargo, nuestros resultados indican que el número de personas infectadas a través de la caza de armadillos es mucho mayor de lo que se pensaba.
También identificamos muchas otras variables responsables de la transmisión zoonótica de la enfermedad. En las zonas con alta deforestación observamos una mayor prevalencia de la enfermedad tanto en humanos como en armadillos. En algunos municipios ubicados en el llamado “arco de deforestación” de Brasil, hasta el 40 % de los casos de lepra podrían atribuirse a la caza y el aprovechamiento de armadillos. Es una cifra muy alta y preocupante.
¿Cuál es el aporte único de este estudio?
La escala del estudio es única. Brasil es el país tropical más grande del mundo y concentra aproximadamente el 40 % de las áreas tropicales de las Américas; es un territorio enorme.
Otro aporte importante es la incorporación de datos sobre caza. Antes no podíamos relacionar la caza de armadillos con los casos de lepra porque no contábamos con información independiente sobre la actividad cinegética. Preguntar a pacientes con lepra si cazan armadillos puede generar respuestas poco confiables, ya que muchas personas ocultan esa información. Los datos recopilados en nuestro reciente proyecto TradeHUB, que estudió la caza en los principales biomas y municipios de Brasil, nos permitieron identificar claramente dónde la caza era más frecuente. Con esta información logramos establecer el vínculo entre la caza de armadillos y los brotes de lepra.

¿Cómo desarrollaron el modelo para estimar el riesgo de transmisión asociado a la caza de armadillos?
Creamos una variable que combina la prevalencia de la caza con la probabilidad de que un armadillo esté infectado por M. leprae en una determinada zona.
La literatura científica ya incluía análisis mediante PCR de aproximadamente 300 armadillos de distintas regiones de Brasil.
Con esos datos cartografiamos los lugares donde los armadillos dieron positivo o negativo para lepra y calculamos la prevalencia de animales infectados a nivel municipal. Una vez preparados los conjuntos de datos sobre infección en armadillos y sobre caza, utilizamos un modelo matemático denominado modelo de favorabilidad para estandarizarlos y combinarlos. Así obtuvimos la variable “riesgo de infección asociado a la caza de armadillos”, que indica la probabilidad de que una persona se infecte al cazar un armadillo en cada municipio.
No podíamos basarnos únicamente en el modelo de caza, porque este no refleja si el armadillo estaba realmente infectado. Del mismo modo, el modelo de infección en armadillos por sí solo no indica si las personas los estaban cazando. Era necesario combinar ambos.

¿Qué fue lo que más llamó su atención al analizar los resultados?
Lo que más me sorprendió fue la fuerza del factor de riesgo asociado a los armadillos.
Cuando comenzamos el estudio no sabíamos qué encontraríamos. Descubrir que aproximadamente el 25 % de los nuevos casos de lepra están relacionados con la caza de armadillos es un hallazgo enorme. Si estudios futuros confirman este riesgo de infección, controlar la enfermedad será mucho más difícil, dado que la caza forma parte de la cultura de muchas comunidades de las regiones tropicales de América.
El vínculo con la deforestación también es preocupante. Esperábamos que la caza y la deforestación influyeran en la transmisión de la lepra entre humanos y armadillos, pero la magnitud de estos factores en nuestros modelos fue inesperada. Esto cambia nuestra comprensión del problema: lo que antes considerábamos una cuestión pequeña y localizada podría explicar una cuarta parte de todos los nuevos casos de lepra en Brasil. Ya estamos realizando estudios de seguimiento para comprender mejor estas implicancias.
¿Cree que estos resultados pueden aplicarse fuera de Brasil?
Sí. Dado que Brasil representa el 40 % de la zona tropical de América, podemos asumir que los resultados también son relevantes para otros países. Los sistemas ecológicos no se rigen por fronteras políticas, y creo que los datos obtenidos en Brasil pueden servir como modelo.
Brasil constituye un excelente caso de estudio porque cuenta con bases de datos muy completas sobre los casos humanos de lepra. Todos los nuevos casos son registrados en un sistema nacional de salud que cubre los 5570 municipios del país.
Además, existen estudios en otros países que también han encontrado armadillos infectados con M. leprae, por lo que sabemos que este fenómeno no es exclusivo de Brasil. La caza de fauna silvestre para consumo también es común en distintas regiones tropicales de América.
Un armadillo de tres bandas (Tolypeutes tricinctus) fotografiado durante una investigación de campo cerca de Chapada Diamantina, en Bahía. Foto: Olívia dos Anjos / Instituto Tamanduá
¿Cómo espera que se utilicen estos datos?
Espero que contribuyan al diseño de políticas públicas en salud. Algunos de los investigadores involucrados mantienen vínculos directos con organismos como el grupo asesor técnico sobre lepra de la OMS, así como con el Ministerio de Salud de Brasil.
La lepra es una enfermedad desatendida desde el punto de vista de la investigación sobre zoonosis. Existe mucho más financiamiento para estudiar la propagación de enfermedades virales que las bacterianas. Estamos dejando de lado a las bacterias, su capacidad de propagarse y de desarrollar resistencia a los antibióticos. Esto cobra aún más relevancia considerando el vínculo que encontramos entre la transmisión de la lepra y la deforestación, en un contexto de cambios ambientales y climáticos.
Actualmente trabajamos en otro proyecto financiado por la Leprosy Research Initiative (LRI) para recolectar y analizar genéticamente muestras de armadillos infectados con lepra. Esto nos permitirá formular recomendaciones más sólidas para las políticas de salud relacionadas con la lepra y la interacción entre las personas y los armadillos. El análisis genético podrá confirmar de manera concluyente que la misma bacteria encontrada en los armadillos también está presente en los seres humanos.
Para ello, hemos establecido alianzas con profesionales del ámbito ambiental y médico, así como con universidades de todo Brasil, para recolectar muestras de armadillos vivos o muertos en nuevas áreas. Estamos construyendo probablemente el mayor biobanco de muestras de armadillos del mundo, lo que nos permitirá comparar los genomas de la bacteria en humanos y armadillos y confirmar la transmisión zoonótica. Este biobanco también permitirá estudiar la evolución de M. leprae a lo largo del tiempo, incluida la posible aparición de resistencia a los antibióticos.
Nuestro objetivo es reunir toda la evidencia necesaria para formular recomendaciones sólidas dirigidas a las autoridades nacionales e internacionales de salud pública.








