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¿Estarán las soluciones climáticas naturales en el nuevo esquema de créditos de carbono de la ONU? 

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7 min de lectura
Expertos forestales opinan sobre un debate crítico en la COP30
Pequeño propietario con un árbol frutal autóctono. , Miguel Pinheiro/CIFOR-ICRAF

A punto de terminar la conferencia climática de la ONU de este año (COP30), una disposición del Acuerdo de París está generando controversia. Conocido como el Artículo 6.4, este mecanismo se centra en establecer un nuevo mercado internacional de carbono: el Mecanismo de Acreditación del Acuerdo de París (PACM, por sus siglas en inglés). 

El PACM sustituye al esquema de créditos de carbono liderado por la ONU en la era del Protocolo de Kioto, el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), que se volvió notorio por su impacto climático deficiente y limitado. Muchos de sus créditos carecían de adicionalidad — es decir, recompensaban acciones positivas para el clima que probablemente habrían ocurrido incluso sin el apoyo del esquema. A medida que la confianza se erosionó, el precio de los créditos colapsó en 2012. 

Dado ese historial, el Órgano Supervisor del Artículo 6.4 está decidido a garantizar créditos de alta integridad esta vez. Cuestiones como la permanencia (cuánto tiempo una solución climática mantiene el CO₂ fuera de la atmósfera), la fuga o desplazamiento (si una intervención reduce las emisiones o simplemente las traslada a otro lugar) y la definición de las remociones de CO₂ son ahora temas de intenso debate mientras el órgano discute los detalles del esquema, según Christopher Martius, asesor principal del equipo de cambio climático, energía y desarrollo bajo en carbono del Centro para la Investigación Forestal Internacional y el Centro Internacional de Investigación Agroforestal (CIFOR-ICRAF). 

Sin embargo, esta cautela podría estar llevando a algunos responsables de políticas a considerar la exclusión de sumideros de carbono críticos — en particular, bosques, árboles, suelos y otras soluciones climáticas basadas en la naturaleza (NCS, por sus siglas en inglés) — aun cuando el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) estima que representan alrededor del 28 % de las alternativas globales de mitigación del cambio climático con alta confianza y rentabilidad. 

¿Por qué? Porque el carbono almacenado en los bosques puede durar décadas o incluso siglos, pero no se considera estrictamente permanente — puede liberarse nuevamente a la atmósfera a través de perturbaciones naturales como incendios y tormentas, o mediante actividades humanas como la tala para leña o madera. 

En ese contexto, un grupo de 80 científicos, organizaciones de la sociedad civil y actores del sector privado enviaron una petición al Órgano Supervisor titulada No excluir a la naturaleza de la acción climática: el imperativo científico de incentivar las soluciones climáticas naturales en el camino hacia el cero neto. 

En el documento advierten que “algunas propuestas recientes de políticas de acción climática minimizan las inversiones en NCS al asumir, incorrectamente, que las NCS no pueden gestionarse para ofrecer durabilidad”. Por el contrario, sostienen que las remociones temporales de CO₂, como las que se logran mediante acciones como la plantación de árboles, pueden aportar beneficios climáticos inmediatos y fácilmente escalables, “reduciendo el pico de calentamiento y comprando un tiempo crucial para que soluciones de mayor duración [como el almacenamiento geológico de carbono] puedan escalar”. 

Aun así, no todos los proyectos de NCS ofrecen la misma probabilidad de impacto duradero. En el sector forestal, por ejemplo, la permanencia depende de diversos factores, como el tipo de bosque, los arreglos institucionales y de política pública, las prácticas de manejo y los regímenes de tenencia de la tierra. Por lo tanto, “dejar atrás el enfoque de ‘talla única para todos’ y excluir algunas Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) sobre la base de mayores riesgos de no permanencia podría ser un buen camino”, señaló Martius. 

El director de Ciencia de CIFOR-ICRAF, Robert Nasi, también abogó por un enfoque matizado: “O las directrices del [PACM] expulsan a las [NCS] de cualquier mercado de cumplimiento debido a expectativas poco realistas, o se adaptan adecuadamente, teniendo en cuenta la naturaleza de los sistemas vivos. El riesgo opuesto son directrices excesivamente laxas y mucho ‘aire caliente’”, afirmó.  

“Parece que hasta ahora el órgano [supervisor] se inclina hacia el primer caso [excluir completamente a las NCS], y esto será un problema porque desincentivará el uso de las NCS, que sí necesitamos”. 

Además de su valor en términos de carbono, las NCS ofrecen cobeneficios vitales para los ecosistemas y las comunidades — mejoran la calidad del agua, protegen la biodiversidad y respaldan los medios de vida.  

Beria Leimona, líder temática de CIFOR-ICRAF en cambio climático, energía y desarrollo bajo en carbono, instó a los responsables de políticas a mirar “más allá del carbono”. 

Advirtió que el progreso hacia el desarrollo sostenible se verá obstaculizado si nos enfocamos excesivamente en metodologías técnicas sin atender el propósito esencial de las soluciones al cambio climático: el bienestar humano.  

Los mercados de carbono son una forma de canalizar fondos hacia estos objetivos, “pero yo diría que son solo herramientas”, señaló Leimona. “El fondo de la cuestión es cómo podemos restaurar los bosques y sus funciones relacionadas, como la salud de las cuencas hidrográficas, que realmente necesitan mantenerse para el objetivo último de aumentar la resiliencia de la humanidad”. 

Igualmente importante, las iniciativas de NCS deben estar alineadas con las necesidades y realidades locales; especialmente considerando que los países del norte global han generado la mayor parte de las emisiones históricas, mientras que el sur global alberga la mayoría de las oportunidades de NCS.  

“Las soluciones basadas en lo local deben desarrollarse de acuerdo con las prioridades de las poblaciones locales y sus aspiraciones de desarrollo (y no imponerse desde fuera), con reglas específicas de acuerdo y participación”, afirmó Vincent Gitz, director de CIFOR-ICRAF para América Latina

Three women sit and talk on the wooden floor of a modest kitchen in Central Kalimantan, Indonesia, reflecting the role of local communities in shaping fair and inclusive climate solutions.
Mujeres conversan en la cocina de una casa familiar en Kalimantan Central, Indonesia. Las perspectivas locales y las realidades cotidianas siguen siendo esenciales para diseñar soluciones climáticas naturales equitativas y eficaces. Foto de Icaro Cooke Vieira / CIFOR-ICRAF
Mujeres lavan ollas y sartenes a la orilla de un río en África Occidental. Las comunidades locales y su interacción diaria con la naturaleza son fundamentales para garantizar que las soluciones climáticas sigan siendo justas, inclusivas y eficaces. Foto de Daniel Tiveau / CIFOR-ICRAF

“En la gobernanza de estas soluciones, debe existir un equilibrio en el poder de toma de decisiones entre los actores externos a un paisaje (quienes invierten en las soluciones) y quienes viven en ese paisaje (quienes hacen que estas soluciones se conviertan en realidad y formen parte de nuevas formas de cuidado y gestión de la tierra)”. 

Sin embargo, incluso cuando los expertos abogan por su inclusión, Daniel Murdiyarso, científico principal de CIFOR-ICRAF, advirtió contra la visión de la naturaleza como una “panacea” y señaló que no debemos sobrestimar su potencial para “arreglar” la situación en la que nos encontramos. 

“La naturaleza no es ni será nunca la solución a la calamidad climática, que está causada principalmente (en un 80-90 %) por la quema de combustibles fósiles”, afirmó. “La naturaleza es la víctima más que la solución. Por tanto, la intención de hacer que la naturaleza forme parte de la solución debe verse como un ‘acompañamiento’ y no como la agenda principal. No debe perderse la oportunidad, pero sin duda debe implementarse con alta integridad ambiental”. 

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