Los Pueblos Indígenas y comunidades locales habitan una parte esencial de los paisajes que sustentan las metas globales de biodiversidad y cambio climático. Sin embargo, estos territorios, que sostienen sus medios de vida y alimentan sus identidades espirituales y culturales, continúan siendo erosionados por actividades ilegales, presiones externas y decisiones que con frecuencia se toman sin su participación, concluyeron los panelistas de una plenaria en la reciente conferencia de la red FLARE (Forests & Livelihoods, Assessment, Research, and Engagement), celebrada en Lima, Perú.
“Nuestros ancestros adquirían conocimientos de la naturaleza”, explicó Valbina Miguel Toribio, lideresa y artista del pueblo indígena yanesha, ubicado en la selva central del Perú. Valbina abrió la plenaria con el canto tradicional de un sabio yanesha, una expresión ancestral que invita a escuchar al bosque, los ríos y sus enseñanzas.
“Muchos de esos conocimientos e historias que se han transmitido por generaciones hoy se ven amenazados”, continuó. “Cada uno de los más de cincuenta Pueblos Indígenas que hay en el país enfrenta un desafío distinto. En el caso de mi comunidad es la tala ilegal y el narcotráfico”, señaló la lideresa durante la plenaria Conservación, coexistencia y el futuro de la región Andino-Amazónica, moderada por Anne Larson, líder del equipo de investigación en Gobernanza, Equidad y Bienestar de CIFOR-ICRAF.
Las intervenciones, que incluyeron reflexiones desde el sector público, el sector empresarial y la cooperación internacional pusieron en relieve los desafíos y oportunidades para construir enfoques más inclusivos, capaces de conciliar la protección de los ecosistemas con los derechos y medios de vida de quienes los habitan.

Repensar la conservación desde el territorio
“Mientras las autoridades invierten tiempo en debatir otras prioridades, no se toman en cuenta las prioridades de los territorios, como la serie de brechas que están ocurriendo”, señaló Marco Arenas, exdirector general de biodiversidad del Ministerio del Ambiente de Perú. En ese sentido, Lucía Ruiz, exministra del Ambiente de Perú, señaló que “la conservación sin ese cierre de brechas es muy difícil”.
Desde sus experiencias trabajando en diferentes áreas protegidas de la Amazonía peruana, ambos panelistas apuntaron a la necesidad de repensar la conservación: con una mirada de gestión territorial multidimensional, donde se busque la generación de bienestar y donde las soluciones surgen desde las realidades de quienes habitan los territorios.
Gabriel Quijandría, director regional para América del Sur de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) destacó la importancia de consolidar un enfoque de conservación basada en derechos, que incorpore a las personas en los procesos de conservación, uso sostenible y restauración de los ecosistemas. Este enfoque busca superar la visión de la conservación aislada de las dinámicas sociales y reconocer que el bienestar humano y la salud de los ecosistemas son interdependientes.
Esta mirada desafía también la histórica dicotomía que ha marcado la política amazónica: la idea de que para desarrollar hay que destruir. “Esa lógica, heredada del siglo pasado, todavía persiste”, expresó Quijandría.
Los panelistas también destacaron que el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal representa un hito al reconocer los derechos de los Pueblos Indígenas y comunidades locales, pero advirtieron que el reto está en convertir ese reconocimiento en acciones concretas. “Los Pueblos Indígenas no son simplemente guardianes ni custodios”, recordaron. “Son gestores y propietarios de los territorios, y su forma de vivir es, en sí misma, una forma de conservar”.
Apoyar el manejo sostenible
Desde el sector privado se compartieron experiencias sobre cómo crear cadenas de valor sostenibles que protejan los bosques, empoderen a las comunidades amazónicas y pongan en valor su cultura y conocimientos. “La economía de mercado ya llegó a la Amazonía”, afirmó Jorge López, director global de Sostenibilidad del Grupo AJE, una multinacional considerada la cuarta más grande empresa de bebidas del mundo. “Las comunidades necesitan ingresos para alimentar a sus familias, educar a sus hijos, acceder a bienes. Nuestro desafío es innovar estas cadenas de valor para que, a través de lo que saben hacer —conservar los bosques—, puedan generar esos ingresos”.
En esta visión, la gestión efectiva de los territorios se entiende como aquella que genera mecanismos de conservación, mantiene los servicios ecosistémicos y produce bienestar local. “Cuando hablamos de conservar el 30 % del territorio nacional, hablamos de tierras gestionadas de manera efectiva, que deben generar impacto en la población local”.
Indicó que, bajo esta visión, el Grupo AJE impulsa un modelo empresarial basado en la bioeconomía y la conservación mediante la producción de bebidas a base de superfrutos amazónicos, recolectados de manera sostenible en alianza con comunidades locales y el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp).
“Como empresa ancla, ayudamos a que las comunidades se integren en la economía formal, obtengan su registro tributario y puedan vender legalmente sus productos”, explicó López.
“Se necesita cambiar la visión errada sobre la Amazonía de que vale más cuando se transforma que cuando está tal cual, en pie”, destacó.
Panelistas de la plenaria Conservación, coexistencia y el futuro de la región Andino-Amazónica en FLARE 2025.
Políticas y marcos que reconozcan derechos
Marco Arenas destacó que Perú está trabajando una hoja de ruta integrada que articula la Meta 2 (restauración) y la Meta 3 (conservación), en línea con el Marco Global de Biodiversidad, un enfoque innovador que busca reducir la degradación mientras se fortalecen las áreas conservadas. “Si no fortalecemos el stock de áreas conservadas, seguiremos restaurando sin cerrar la brecha de degradación”, explicó.
En esta visión, la gestión efectiva de los territorios se entiende como aquella que genera mecanismos de conservación, mantiene los servicios ecosistémicos y produce bienestar local. “Cuando hablamos de conservar el 30 % del territorio nacional, hablamos de tierras gestionadas de manera efectiva, que deben generar impacto en la población local”.
Los panelistas también destacaron que el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal representa un hito al reconocer los derechos de los Pueblos Indígenas y comunidades locales, pero advirtieron que el reto está en convertir ese reconocimiento en acciones concretas. “Los Pueblos Indígenas no son simplemente guardianes ni custodios”, recordaron. “Son gestores y propietarios de los territorios, y su forma de vivir es, en sí misma, una forma de conservar”.








