A lo largo de la vasta Amazonía, las personas han cazado una amplia variedad de animales —mamíferos, reptiles, aves, peces y anfibios— durante milenios. Sin embargo, hasta hace poco existía poca comprensión integral sobre la magnitud de este aprovechamiento y lo que implica tanto para las comunidades locales como para los ecosistemas que habitan.
Un estudio histórico publicado en Nature constituye “el primer esfuerzo a gran escala para mapear la caza de fauna silvestre en toda la Amazonía”, según Hani Rocha El Bizri, autor del estudio y coordinador principal de la Plataforma de Asociación Transformadora para el Uso Sostenible de Especies Silvestres (SU-TPP, por sus siglas en inglés).
El trabajo aporta nueva evidencia sobre la relación crítica entre la salud de los bosques y la salud humana. “Este estudio confirma que la carne silvestre no solo es una fuente vital de proteínas y micronutrientes, sino que constituye la base de la seguridad alimentaria para millones de habitantes amazónicos”, afirmó el autor principal André Antunes. “Proteger los bosques significa proteger la nutrición, los medios de vida y el patrimonio cultural”.
Foto: Dado Galdieri/CIFOR-ICRAF.
El estudio, que según Hani El Bizri surgió de “una estrecha colaboración a largo plazo entre investigadores y comunidades indígenas y locales”, se basó en más de seis décadas de datos de caza provenientes de más de 600 comunidades en toda la Amazonía. Los resultados revelan la importancia de la carne silvestre para la seguridad alimentaria y nutricional, la identidad cultural y los derechos territoriales de los 11 millones de habitantes de la región.
En la Amazonía se cazan y consumen más de 500 especies, lo que refleja su enorme diversidad biológica y cultural: alberga 511 Pueblos Indígenas distintos y es la región tropical con mayor biodiversidad del planeta.
Sin embargo, la presión de caza está lejos de distribuirse de manera uniforme. Solo 20 especies representan el 72 % de todos los animales cazados y el 84 % de la biomasa total extraída. La paca de tierras bajas (Cuniculus paca), un roedor con rayas y manchas, fue el animal más cazado, seguida por el pecarí de labios blancos (Tayassu pecari), un animal similar a un cerdo, y un gran mamífero con trompa llamado tapir (Tapirus terrestris).

Aunque la sobrecaza puede comprometer la salud de las poblaciones animales en algunos contextos, el estudio muestra que la fauna de la Amazonía es más abundante en lugares con un volumen anual de aprovechamiento relativamente alto, en áreas de bosque conservado que suelen ubicarse dentro de territorios indígenas y tradicionales.
Esto pone de relieve la eficacia de los sistemas de conocimiento y manejo tradicionales. “Para los pueblos amazónicos, la relación con la fauna no se enmarca como una extracción de recursos, sino como una reciprocidad social regida por normas y obligaciones éticas”, escriben los autores. “Estas prácticas culturalmente arraigadas son herramientas eficaces para regular la caza y representan las estrategias de manejo y conservación más legítimas en la Amazonía”.
Por ello, los autores advierten contra la imposición de restricciones externas y enfatizan la importancia de respetar los derechos territoriales y de gestión local. “Donde se respetan los derechos indígenas y se protegen los territorios, el bosque y su fauna prosperan”, escriben. “Los esfuerzos por restringir o reemplazar la carne silvestre sin comprender esta realidad corren el riesgo de repetir errores colonialistas y de socavar la autonomía y la salud de los pueblos amazónicos”.
El estudio también demuestra por qué sustituir el consumo de carne silvestre por carne de crianza —como a veces recomiendan actores externos bien intencionados— podría tener impactos negativos significativos tanto para el ambiente como para la salud. Actualmente, la carne silvestre aporta casi la mitad de los requerimientos diarios de proteína y hierro de la población amazónica; reemplazarla requeriría convertir hasta 64 000 kilómetros cuadrados de bosque en pasturas, con impactos importantes sobre el clima y la biodiversidad.
Además, el cambio hacia la carne de crianza podría comprometer la salud de las personas, ya que la carne silvestre proporciona niveles mucho más altos de micronutrientes esenciales, como zinc y vitaminas del complejo B, especialmente críticos en contextos donde las deficiencias de micronutrientes son generalizadas y se ven agravadas por la malaria, los parásitos intestinales y trastornos genéticos.
La carne de crianza también resulta inaccesible para muchas personas en comunidades remotas, mientras que la carne silvestre —cuyo valor anual los investigadores estiman en aproximadamente 2200 millones de dólares, basado en los precios de la carne de res en 2024— constituye una “red de seguridad invisible pero invaluable” frente a la volatilidad de la economía monetaria.


Sin embargo, el estudio también mostró que la deforestación —impulsada por la agricultura a gran escala, el acaparamiento de tierras, la tala, la minería, el desarrollo de infraestructura y la urbanización— amenaza con desestabilizar los sistemas alimentarios basados en carne silvestre de la región. En partes de la Amazonía donde se ha perdido más del 70 % de la cobertura arbórea, el número de animales cazados por cazador ha disminuido en un 75 %, y la biomasa extraída en un 67 %.
En este contexto, los coautores enfatizaron la importancia de utilizar los resultados del estudio para promover la protección de la Amazonía y sus habitantes.
“Los resultados de esta investigación tienen el potencial de fortalecer el debate a nivel nacional y amazónico”, señaló un representante de la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (COIAB).
“Esta investigación llega en un momento clave”, afirmó Julia Fa, coautora del estudio e investigadora principal del Centro para la Investigación Forestal Internacional y Centro Internacional de Investigación Agroforestal (CIFOR-ICRAF), en referencia a los esfuerzos actuales de los países por desarrollar Estrategias y Planes de Acción Nacionales de Biodiversidad (NBSAPs, por sus siglas en inglés) e indicadores alineados con el Marco Mundial de Biodiversidad del Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU.
“Al evidenciar el impacto real de la caza de fauna silvestre en la seguridad nutricional, la cultura y la conservación, los responsables de la toma de decisiones están mejor preparados para gobernar la Amazonía con un enfoque de sostenibilidad”.
Para más información, contactar a Hani El Bizri: [email protected]








