El mundo está perdiendo sus bosques más rápido de lo que logra protegerlos, con graves consecuencias para el clima, la biodiversidad y más de mil millones de personas que dependen de ellos para sus medios de vida, según el más reciente Informe sobre los Objetivos Forestales Mundiales 2026 de las Naciones Unidas.
Aunque muchos países han ampliado sus esfuerzos de restauración forestal, fortalecido los marcos de gobernanza y mejorado los sistemas de monitoreo, los avances siguen siendo insuficientes para detener la deforestación, sacar de la pobreza a las comunidades dependientes de los bosques y cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030.
“Sabemos qué hacer. Debemos actuar con base en la información y el conocimiento disponibles. Pero, ¿tenemos la voluntad para hacerlo?”, señaló Éliane Ubalijoro, CEO de Landscape Alliance, nuevo nombre operativo del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) y del Centro Internacional de Investigación Agroforestal (ICRAF).
Esa pregunta recorre todo el informe, que concluye que las herramientas, políticas e instituciones existentes aún no han logrado impulsar cambios a la escala necesaria.
“El informe deja claro que existen las herramientas, el conocimiento y los marcos de política necesarios para salvar los bosques”, afirmó Terry Sunderland, coautor del informe, profesor de la Facultad de Silvicultura de la Universidad de Columbia Británica de Canadá y asociado sénior de Landscape Alliance.
Una zona de bosque en transición en Bokito, Bokito. Foto de Mokhamad Edliadi / Landscape Alliance
“Sin embargo, seguimos subestimando el valor de los bosques para las economías, las sociedades y nuestro bienestar a largo plazo”, añadió Sunderland. “Se necesitan mecanismos de financiamiento más innovadores, instituciones más sólidas y una mayor cooperación intersectorial para alcanzar las metas”.
Según el informe, entre 2015 y 2025 el mundo perdió más de 40 millones de hectáreas de bosque, una superficie ligeramente mayor que la de Alemania o Japón. De ellas, 16 millones de hectáreas correspondían a bosques primarios, los cuales son fundamentales para la biodiversidad y la regulación climática.
La expansión agrícola sigue siendo la principal causa de la deforestación a nivel mundial, en particular la agricultura industrial y la producción de materias primas. A ello se suman la construcción de carreteras, los cambios en el uso del suelo, la degradación forestal y amenazas climáticas como los incendios, las plagas y la tala ilegal.
Un déficit financiero que pone en riesgo los bosques
La respuesta financiera sigue siendo insuficiente. En 2023, la inversión mundial destinada al manejo forestal sostenible alcanzó los 84 mil millones de dólares, muy por debajo de los aproximadamente 300 mil millones de dólares anuales que se consideran necesarios.
“Esa brecha demuestra que los bosques siguen estando infravalorados frente a los beneficios que ofrecen. Es fundamental reconocer que el almacenamiento de carbono, la biodiversidad, el agua, la seguridad alimentaria, la resiliencia económica y los valores culturales deben valorarse mucho más de lo que ocurre hoy”, afirmó Ubalijoro.
Pero el problema no es solo el tamaño de la brecha financiera, añadió. También importa hacia dónde se dirige el dinero.
“Los recursos no están llegando a los lugares ni a las personas que más los necesitan. Necesitamos más financiamiento, pero también un mejor financiamiento: de largo plazo, accesible, arraigado en los contextos locales y diseñado para recompensar la protección y restauración de los bosques”.
Para Ubalijoro, los gobiernos deben asumir un compromiso mucho mayor con la protección y restauración forestal, reconociendo los bosques como una forma de “infraestructura natural” esencial no solo para los Ministerios de Ambiente, sino también para las carteras de finanzas, salud, agricultura y desarrollo económico.
“Los bosques saludables reducen los riesgos de desastres, protegen las cuencas hidrográficas, sostienen la agricultura, respaldan los medios de vida rurales y contribuyen al cumplimiento de los compromisos climáticos”, señaló. “Esto significa que el financiamiento forestal no debería limitarse a los presupuestos ambientales. Debe formar parte de la financiación climática, de las inversiones en sistemas alimentarios, de la infraestructura, la salud y la biodiversidad”.
Ubalijoro añadió que estructuras de gobernanza sólidas, combinadas con datos verificables sobre el desempeño de proyectos, podrían ayudar a movilizar más inversión privada para la conservación de los bosques.
Lograr que la conservación sea más rentable que la destrucción
Las recompensas por conservar los bosques deben superar los beneficios económicos que hoy genera su degradación y destrucción, sostuvo Claude Garcia, profesor de Manejo Forestal Internacional de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berna.
Garcia señaló que el cambio es posible. Como ejemplo citó el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF por sus siglas en inglés), impulsado por Brasil durante la COP30 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 2025, que ya ha asegurado 6700 millones de dólares en capital de patrocinadores y ofrece un modelo innovador para financiar la protección forestal.
“Es realmente posible impulsar una transición forestal, aplicar regulaciones y revertir la tendencia de la deforestación. Sabemos que funciona. La pregunta es por qué los gobiernos no lo están haciendo”, apuntó.
Añadió que el éxito a largo plazo también depende de la participación activa de las comunidades y actores locales en el diseño de políticas, regulaciones y medidas de protección adaptadas a las condiciones de cada territorio.
“Las decisiones deben diseñarse para la gestión forestal en distintas escalas. Eso es precisamente lo que falta”, aseguró.
Dosel de bosque tropical en el Paisaje de Participación de Yangambi, Democratic Republic of the Congo. Foto de Axel Fassio / Landscape Alliance
Un punto de inflexión cada vez más cercano
La urgencia de actuar y el elevado costo de la inacción quedan reflejados en los crecientes riesgos climáticos documentados por el informe, advirtió Sunderland.
“Nos acercamos a un punto de inflexión crítico, en el que bosques como la Amazonía y la cuenca del Congo dejarán de ser sumideros de carbono para convertirse en fuentes de emisiones”, señaló. “Ya estamos viendo señales de ello. Necesitamos recuperar el sentido de responsabilidad y proteger los bosques que aún quedan en pie”.
La advertencia resulta especialmente preocupante si se considera el papel central que desempeñan los bosques en el sistema climático global y en prácticamente todos los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, desde la erradicación del hambre y la pobreza hasta el acceso al agua limpia, la energía sostenible y medios de vida dignos para más de mil millones de personas.
Basado en los reportes de 48 países que albergan aproximadamente la mitad de los bosques del planeta, el informe identifica dos metas de los Objetivos Forestales Mundiales que están especialmente rezagadas: revertir la pérdida de bosques y erradicar la pobreza extrema entre las personas que dependen de ellos.
Muchos países también reconocieron que el acceso limitado a los mercados y las escasas oportunidades para agregar valor y comercializar productos forestales —especialmente los no maderables— impiden que las poblaciones dependientes de los bosques obtengan plenamente sus beneficios económicos y sociales.
De los 26 objetivos establecidos en el Plan Estratégico de las Naciones Unidas para los Bosques 2017–2030, siete metas relacionadas con la gobernanza se consideran ampliamente alcanzadas, mientras que otras 17 muestran avances parciales.
Es fundamental reconocer
que el almacenamiento de carbono, la biodiversidad, el agua, la seguridad alimentaria, la resiliencia económica y los valores culturales deben valorarse mucho más de lo que ocurre hoy».
Lo que debe ocurrir antes de 2030
El informe insta a redoblar los esfuerzos en múltiples frentes: detener la deforestación y revertir la pérdida de bosques; erradicar la pobreza de las poblaciones dependientes de los bosques mediante un mejor acceso a mercados, financiamiento y capacidades técnicas; cerrar la brecha financiera mediante mecanismos innovadores; fortalecer la gobernanza forestal y la aplicación de la ley; combatir la tala ilegal; ampliar las acciones de restauración y resiliencia; y mejorar tanto el acceso a los mercados como la seguridad de la tenencia de la tierra para las comunidades forestales.
“Las soluciones están claras. Lo que aún no está claro es si los gobiernos, las instituciones financieras y el sector privado actuarán con la rapidez y a la escala que exige la crisis”, concluyó Ubalijoro.
Acerca de Landscape Alliance
Landscape Alliance transforma la ciencia en acción para catalizar el potencial de los árboles, los bosques y los paisajes agroforestales en favor de la salud del planeta y el bienestar humano.
Landscape Alliance es la marca operativa del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) y del Centro Internacional de Investigación Agroforestal (ICRAF). CIFOR e ICRAF son organizaciones internacionales independientes y centros de investigación del CGIAR.








