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COP31: cinco temas para seguir de cerca en las negociaciones climáticas de Antalya 

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El liderazgo conjunto detrás de la COP31 promete mantener el foco en la implementación de los compromisos climáticos, con desafíos pendientes en adaptación, transición justa, financiamiento y bosques
Conferencia de prensa rumbo a la COP31. Foto: UNclimatechange

En un llamado “año de COPs”, la última de las tres grandes conferencias ambientales de las Naciones Unidas previstas para 2026 está por comenzar. Del 9 al 20 de noviembre, Antalya, en Turquía, se convertirá en la sede de la 31.ª Conferencia de las Partes (COP31) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). 

La cumbre tendrá un liderazgo compartido: Turquía ejercerá la Presidencia y Australia estará a cargo de dirigir las negociaciones formales, en coordinación con los países insulares del Pacífico. En ese camino, se espera que la COP31 ponga énfasis en la implementación. Al entrar en la segunda década del Acuerdo de París, el desafío que espera abordar esta reunión es traducir la ambición colectiva en acciones concretas, movilizar inversiones y fortalecer las alianzas para acelerar la respuesta climática. 

La COP31 inicia en un momento especialmente desafiante. El Informe sobre la Brecha de Emisiones 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha advertido que superar temporalmente el límite de 1,5 °C del Acuerdo de París es ya inevitable. A los impactos climáticos que ya se manifiestan en distintas regiones, como las olas de calor, las inundaciones y los incendios forestales, se suma la intensificación del calentamiento del mar y un fenómeno de El Niño que podría convertirse en uno de los más intensos de los que se tiene constancia. 

En este escenario, Antalya tiene la misión de dar continuidad a los avances de la COP30, celebrada en Belém, Brasil, y abordar asuntos que quedaron pendientes.  

Desde Los Bosques al Día, destacamos cinco temas para seguir de cerca. 

1. Adaptación: definir los indicadores y el financiamiento 

Uno de los avances de la COP30 fue la aprobación de 59 indicadores para evaluar los progresos en adaptación al cambio climático. Estos abarcan ámbitos como el agua, la agricultura, la salud, los ecosistemas, las infraestructuras y los medios de vida. 

Sin embargo, todavía deben definirse aspectos metodológicos y operativos para aplicarlos. Las negociaciones de medio año de Bonn, en junio de 2026, no lograron resolver estas cuestiones, por lo que se espera que Antalya permita retomar y avanzar las discusiones. 

La financiación será otro punto decisivo. En Belém, los países acordaron impulsar esfuerzos para al menos triplicar los recursos destinados a la adaptación hacia 2035, pero aún falta precisar cómo se avanzará hacia ese objetivo.  

También se revisarán los avances del Fondo para Responder a las Pérdidas y los Daños, destinado a canalizar recursos financieros a los países en desarrollo más afectados por los impactos climáticos. La brecha entre las necesidades y los recursos disponibles sigue siendo amplia: en junio de 2026, el Fondo había recibido solicitudes por USD 2800 millones, frente a los USD 250 millones inicialmente reservados para su primera convocatoria. 

La ciudad turca de Antalya recibe a partir del 9 de noviembre la gran cita anual del clima, la COP31. Foto: UN Climate Change – Kiara Worth
16º Período de Sesiones del Grupo de Trabajo Facilitador (FWG 16) de la Plataforma de las Comunidades Locales y los Pueblos Indígenas (LCIPP) en el marco de la COP31. Foto: UN Climate Change – Kiara Worth

2. Transición justa: dar forma al mecanismo acordado en Belém 

La transición justa busca que el paso hacia economías bajas en emisiones y resilientes al clima considere sus efectos sobre el empleo, las comunidades y los medios de vida, evitando que sus costos y beneficios se distribuyan de manera desigual. 

En la COP30, los países acordaron establecer un mecanismo para fortalecer la cooperación internacional, la asistencia técnica, el desarrollo de capacidades y el intercambio de conocimientos en esta materia. El siguiente paso será definir su alcance, funciones y estructura de gobernanza.  

Aunque en Bonn se discutieron distintas opciones para su diseño, persistieron diferencias entre los países. Antalya debería avanzar en estas definiciones y establecer los pasos para ponerlo en funcionamiento. 

3. Una transición energética que aún busca consensos 

La transición para abandonar los combustibles fósiles fue uno de los asuntos que quedó sin consenso en la COP30. Aunque más de 80 países respaldaron una hoja de ruta para avanzar hacia una transición justa, ordenada y equitativa, esta no fue incluida en el acuerdo final de Belém. En respuesta, la Presidencia brasileña elaboró una hoja de ruta voluntaria para orientar este proceso y promover la cooperación internacional. 

De cara a la COP31, todavía no está definido qué espacio tendrá esta propuesta en las negociaciones. Las presidencias de Turquía y Australia han puesto el foco en acelerar la electrificación del transporte, los edificios y la industria, como parte de la transición energética. También hay expectativas de que más países presenten sus propias hojas de ruta y se discuta cómo traducir el compromiso de abandonar los combustibles fósiles, acordado en la COP28, en medidas concretas. 

4. Financiamiento y movilización de recursos 

La financiación climática volverá a ocupar un lugar central. Los países en desarrollo reclaman que las economías más ricas cumplan sus compromisos y faciliten el acceso a recursos para reducir emisiones y hacer frente a los impactos del cambio climático. Persisten diferencias sobre quién debe aportar los fondos, cómo distribuirlos y cómo movilizar inversiones a mayor escala. 

Uno de los procesos que llegará a la COP31 en una nueva fase es la Hoja de Ruta de Bakú a Belém hacia los USD 1,3 billones, presentada en 2025 por las Presidencias de las COP29 y COP30. Esta busca orientar la movilización de al menos USD 1,3 billones anuales en financiamiento climático para los países en desarrollo hacia 2035, mediante fuentes públicas y privadas. En Antalya se presentarán avances sobre su implementación y un sistema de seguimiento. 

Otro desafío será conectar los compromisos climáticos con proyectos capaces de atraer recursos. Para ello, la Presidencia actual está impulsando el Climate Implementation Bridge (BRIDGE) (“puente”, traducido al español), una iniciativa que busca vincular las prioridades climáticas de los países con carteras de proyectos, asistencia técnica y posibles socios financieros. Su propósito no es crear un nuevo fondo, sino facilitar que los objetivos climáticos nacionales se traduzcan en oportunidades concretas de inversión. 

Participación indígena en la COP30 de Belém, en Brasil. Foto:Landscape Alliance

5. Bosques, biodiversidad y uso del suelo: una agenda pendiente 

La COP30 de Belém fue presentada como la “COP de los bosques”, pero no logró establecer una hoja de ruta vinculante para detener y revertir la deforestación. Aunque en Belém se impulsaron iniciativas de financiamiento y se reafirmó la importancia de conservar los ecosistemas, persiste el desafío de traducir estos esfuerzos en medidas concretas. 

La protección de la naturaleza y el uso del suelo forman parte de la agenda de acción de Antalya, que contempla una jornada dedicada a océanos, mares, naturaleza y uso del suelo. La Presidencia también ha destacado la importancia de generar sinergias entre las convenciones de Río. 

En materia de financiamiento forestal, uno de los principales resultados de Belém fue el lanzamiento del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), diseñado para movilizar recursos a largo plazo en favor de los países que conservan sus bosques tropicales. Hasta noviembre de 2026, la iniciativa había reunido compromisos anunciados por aproximadamente USD 7800 millones, aunque aún busca alcanzar los USD 10 000 millones de capital inicial previstos para su puesta en marcha. Su capitalización y gobernanza serán aspectos importantes para seguir. 

El Artículo 6 del Acuerdo de París también estará presente en las discusiones de Antalya. Este establece mecanismos para que los países cooperen en la reducción de emisiones, mediante transferencias de créditos de carbono entre países o un sistema de acreditación supervisado por Naciones Unidas. Aunque sus reglas generales ya fueron acordadas, aún quedan aspectos técnicos y operativos por desarrollar. En Antalya se espera avanzar en su implementación y fortalecer los sistemas de registro y supervisión para garantizar que los créditos representen reducciones reales de emisiones. 

Del compromiso global a la acción nacional 

Según la CMNUCC, se registraron 127 nuevas contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), correspondientes a 154 Partes del Acuerdo de París. Estos planes establecen las metas climáticas de cada país y las medidas para reducir sus emisiones y adaptarse al cambio climático. Sin embargo, las proyecciones siguen siendo insuficientes. El desafío que persiste es convertir esos compromisos en políticas y acciones concretas. 

En esta nueva cumbre climática, los jefes de Estado y de Gobiernos tendrán la oportunidad de presentar sus prioridades y reforzar sus compromisos climáticos. Entre las expectativas está avanzar en medidas para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y movilizar recursos para la acción climática. 

La COP31 marcará, además, el inicio del segundo Balance Mundial, el proceso que evaluará el progreso colectivo hacia los objetivos del Acuerdo de París y concluirá en 2028. Sus resultados deberán orientar la siguiente ronda de NDC y ayudar a identificar qué hace falta para cerrar la brecha entre los compromisos asumidos y la acción necesaria.  

El mundo pondrá atención a los resultados de Antalya, con la pregunta que surge en cada conferencia climática anual: ¿cómo pasar de las negociaciones y promesas en papel a la implementación acelerada y efectiva que exige la emergencia?