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Restaurar desde el suelo: Cómo un método de evaluación está transformando la toma de decisiones en paisajes degradados

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A dos décadas de su creación, la expansión del LDSF demuestra su capacidad para transformar la restauración mediante datos sólidos sobre la salud del suelo y la tierra.

Hace veinte años, en Malí, Tor-Gunnar Vågen y sus colegas comenzaron a explorar una metodología para evaluar y mapear la salud del suelo y de la tierra. Hoy, ese trabajo inicial se ha convertido en un marco con innumerables aplicaciones para la restauración de paisajes.


La rápida expansión del Marco de Vigilancia de la Degradación de Tierras(LDSF, por sus siglas en inglés) —tanto en volumen como en nuevas direcciones— sigue sorprendiendo incluso a sus creadores, incluido Vågen, codesarrollador del método y científico sénior a cargo del Laboratorio de Ciencia de Datos Espaciales y Aprendizaje Aplicado en el Centro para la Investigación Forestal Internacional y Centro Internacional de Investigación Agroforestal (CIFOR-ICRAF).

“Encontramos un equilibrio entre algo robusto y bastante completo en términos de indicadores y datos recopilados, pero también práctico y realizable para cualquier persona que cuente con un equipo sencillo”, señaló Vågen en el marco del Día Mundial del Suelo 2025, que se celebra cada 5 de diciembre para destacar la importancia de los suelos saludables y promover su gestión sostenible.


“Creo que esa es parte de la razón del éxito del LDSF”.

Ese éxito refleja no solo la adaptabilidad, escalabilidad y confiabilidad de sus datos, sino también la creciente demanda global de evidencia científica para evaluar y monitorear la salud del suelo y de la tierra en una amplia variedad de paisajes y ecosistemas, incluidos tierras agrícolas, pastizales, sabanas y bosques.

Con la degradación progresiva de los ecosistemas en todo el planeta, el LDSF proporciona una combinación de mediciones biofísicas sistemáticas y teledetección que se ha vuelto esencial para diseñar esfuerzos de restauración efectivos. “Es fundamental comprender el estado del suelo, de la tierra y de nuestros ecosistemas para identificar los factores que impulsan la degradación”, señaló Leigh Ann Winowiecki, líder del equipo de investigación sobre la salud del suelo y la tierra de CIFOR-ICRAF y codesarrolladora del LDSF. “Sin esta información, estaríamos trabajando a ciegas”.

Researchers in Malawi taking soil samples and recording vegetation data for land health assessments.
Investigadores recolectan muestras de suelo y miden la vegetación en Malawi para generar datos para el mapeo de la salud del suelo y la tierra. Foto: Kelvin Trautman / CIFOR-ICRAF.
Researchers and a community member reviewing rangeland cover maps during soil and land health monitoring.
Científicos y colaboradores locales examinan mapas de cobertura de pastizales para vincular los datos de campo con evaluaciones satelitales. Foto: Kelvin Trautman / CIFOR-ICRAF.

Diseñado para ser rigurosamente científico y, al mismo tiempo, práctico en el campo, el LDSF ya se implementa con socios en más de 45 países. Su diseño accesible ayuda a los usuarios a identificar las dinámicas y los impulsores de la degradación de la tierra y a traducir conjuntos de datos complejos en decisiones concretas.


“Con los datos que tenemos hoy, los responsables de políticas pueden tomar decisiones más inteligentes: decidir cómo usar mejor los recursos limitados para maximizar la eficiencia”, indicó Bertin Takoutsing, científico de CIFOR-ICRAF especializado en la salud del suelo y la tierra en Camerún. “Se trata de decidir a dónde ir, qué prácticas implementar y qué áreas deben priorizarse —identificar los verdaderos puntos críticos de degradación”.

Researchers measuring soil and vegetation indicators in a dryland site as part of the Land Degradation Surveillance Framework.
Equipos de campo recopilan datos de suelo y vegetación en un paisaje de tierras áridas utilizando el Marco de Vigilancia de la Degradación de la Tierra. Foto: Kelvin Trautman / CIFOR-ICRAF.

La base de datos del LDSF ahora incluye cerca de 49 000 parcelas y 140 000 muestras de suelo, y crece cada año. Su robusto diseño de muestreo reduce sesgos y garantiza datos de alta calidad, apoyado por avances en análisis de suelos en laboratorio (como la espectroscopía), teledetección y modelado predictivo.


Sus aplicaciones abarcan múltiples escalas. Un atlas del Sahel, por ejemplo, produjo los primeros mapas continentales de propiedades clave del suelo a una resolución de 500 metros en África. Los conjuntos de datos sobre pastizales también están creciendo rápidamente, con más de 170 000 observaciones provenientes de transectos que alimentan el módulo de pastizales 2025.

Technician in Malawi measuring soil infiltration using a metal ring during LDSF fieldwork.
Un técnico mide la infiltración del suelo en Malawi como parte de la recopilación de datos de campo para el Marco de Vigilancia de la Degradación de Tierras. Foto: Kelvin Trautman / CIFOR-ICRAF.
Researcher collecting a soil core sample in a dense forest as part of an LDSF plot assessment.
Muestreo de suelo en un paisaje forestal, donde las parcelas LDSF capturan la variación en la estructura de la vegetación y las propiedades del suelo. Foto: Kelvin Trautman / CIFOR-ICRAF.

Para la científica del suelo y ecohidróloga Aida Bargués Tobella, del Centro de Investigación en Agrotecnología -CERCA en España, la fortaleza del LDSF radica en su capacidad para vincular los detalles más finos del suelo con patrones globales de degradación. “Al principio, puede ser difícil ver el panorama completo del LDSF”, señaló. “Accedes a los datos generados en tu sitio y eso ya es valioso. Pero lo más poderoso es que tu sitio pasa a ser parte de una red global”.


Con cada nuevo conjunto de datos, añadió, “las predicciones para estos indicadores se vuelven más precisas, el análisis se vuelve más rico, las comparaciones entre sitios se hacen posibles y el valor del conjunto de datos sigue creciendo”.

El LDSF ofrece un conjunto de datos verdaderamente único, que nadie más proporciona, y garantiza que la información se haya recopilado y analizado de manera coherente”.

Aida Bargués TobellaCientífica del suelo y ecohidróloga del Centro de Investigación en Agrotecnología -CERCA en España

Su trabajo sobre capacidad de infiltración del suelo en África subsahariana depende en gran medida de los datos del LDSF, que describió como “muy únicos” por su consistencia y amplitud. “Hasta donde sé, no existe otro conjunto de datos que reúna un conjunto tan completo de indicadores”.

Entre esos indicadores se encuentran la cobertura y estructura de la vegetación; la diversidad de especies de árboles, arbustos, herbáceas y gramíneas; el uso actual e histórico de la tierra; la prevalencia de erosión; la capacidad de infiltración; y una amplia gama de propiedades físicas y químicas del suelo, como pH, textura y carbono orgánico.

Los usos de los datos del LDSF siguen expandiéndose más allá de lo que sus creadores imaginaron en 2005. “Por ejemplo, ahora la gente está agregando módulos para estudios de género o usando los mapas predictivos para analizar interacciones entre salud del suelo y de la tierra y factores socioeconómicos, salud humana y cambio climático”, contó Vågen.


El desarrollo de capacidades es ahora una parte central del trabajo del LDSF.

En Gambia, una iniciativa de salud del suelo de tres años está capacitando a expertos nacionales para usar los métodos del LDSF y elaborar mapas detallados del suelo para una toma de decisiones basada en evidencia.


En Sri Lanka, una iniciativa de seis años aplica el LDSF en ecosistemas diversos para apoyar la gestión de cuencas. En África Oriental, una creciente red de sitios de monitoreo de pastizales impulsa la restauración basada en datos y la gestión sostenible. Una iniciativa lanzada en Lesoto ahora se expande a países como Kenia, Tanzania, Uganda, Ruanda y Etiopía.

Overhead view of researchers in Malawi conducting soil and vegetation sampling within an LDSF plot.
Equipos de campo en Malawi realizan muestreos sistemáticos de suelo y vegetación utilizando el diseño espacialmente explícito del LDSF. Foto: Kelvin Trautman / CIFOR-ICRAF.
Musembi Kimeu y Annrose Mwangi identifican especies de gramíneas en el ecosistema de Amboseli, Kenia. Foto: Kelvin Trautman / CIFOR-ICRAF.

La credibilidad del LDSF también está atrayendo el interés de empresas e iniciativas de financiamiento sostenible que buscan formas confiables de medir el carbono del suelo y apoyar los esfuerzos de mitigación climática.


“La toma de decisiones basada en evidencia es esencial, tanto a nivel de políticas como de implementación y de financiamiento”, señaló Winowiecki. “Si podemos ofrecer mejores estimaciones de salud del suelo, incluido el almacenamiento de carbono en un paisaje determinado, ayudamos a reducir el riesgo de las inversiones”.


El Día Mundial del Suelo se celebra cada año el 5 de diciembre para llamar la atención sobre la importancia de los suelos saludables y promover su gestión sostenible. El tema de 2025, “Suelos saludables para ciudades saludables”, se centrará en los suelos urbanos, destacando el papel de la gestión sostenible del suelo para apoyar ciudades resilientes, la biodiversidad y la seguridad alimentaria.