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Cómo preparar el café y el cacao del Perú para un mercado libre de deforestación

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9 min de lectura
El EUDR obligará a demostrar con mayor precisión dónde y cómo se producen el café y el cacao que llegan a Europa. En Perú, el reto es que esta transición fortalezca —y no deje atrás— a las familias productoras
Parcela de café (Alonso de Alvarado, San Martín, Perú). Foto: Macoy Zapata / Landscape Alliance – UICN Sur

Para miles de familias que producen café y cacao en la Amazonía peruana, continuar vinculadas al mercado europeo dependerá cada vez más de poder responder preguntas muy concretas: ¿de qué parcela provino este producto?, ¿había bosque allí después de 2020?, ¿fue producido conforme a las leyes del país? ¿Y es posible demostrarlo?

Estas preguntas están en el centro del Reglamento de la UE sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR, por sus siglas en inglés), aprobado por la Unión Europea para reducir la deforestación asociada a los productos que se comercializan en su mercado. La regulación comprende siete materias primas —entre ellas café y cacao— y determinados productos derivados.

Para que estos productos puedan comercializarse en el mercado europeo, la cadena deberá demostrar tres condiciones principales: que no provienen de tierras deforestadas después del 31 de diciembre de 2020; que fueron producidos conforme a la legislación aplicable del país de origen; y que cuentan con la información necesaria para sustentar una declaración de debida diligencia.

La responsabilidad formal de presentar esa declaración recae en los operadores que colocan los productos en el mercado europeo. Pero para hacerlo, necesitan información que se genera mucho antes en la cadena, en los propios territorios productores.

Entre esos datos figura la geolocalización de la parcela en la que se cultivó el producto. Para el café y el cacao, esto puede implicar registrar sus límites mediante un polígono georreferenciado, una representación digital del área de producción que luego puede contrastarse con información sobre cobertura forestal y deforestación.

En términos prácticos, prepararse para el EUDR puede significar que una parcela deba estar correctamente delimitada y registrada, y que esa información pueda ser consultada y verificada a lo largo de la cadena. Pero dibujar el polígono es apenas el comienzo; los datos deben ser precisos, compatibles entre sistemas y reflejar correctamente lo que ocurre en el campo.

El desafío es particularmente relevante para Perú, donde el café y el cacao se producen principalmente por la agricultura familiar, en pequeñas parcelas que sostienen los medios de vida de más de 300 000 familias en la Amazonía. En 2025, las exportaciones peruanas alcanzaron cifras récord: USD 1796 millones en café y USD 1565 millones en cacao. Europa es, además, el principal destino del cacao en grano. San Martín, una de las principales regiones productoras, concentra el 32,9 % de la producción nacional de cacao y el 23 % de la de café.

Tras los cambios en el calendario de implementación, la aplicación del EUDR comenzará de manera escalonada desde fines de 2026. Ese proceso ofrece al país una oportunidad no solo para completar registros y geolocalizar parcelas, sino para construir sistemas que permitan demostrar el cumplimiento sin convertir la trazabilidad en una nueva barrera para quienes tienen menos recursos para asumirla.

Más allá de la trazabilidad

Perú no parte de cero. Debido a la importancia social y económica del café y el cacao, el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) lidera, junto con otras instituciones nacionales y la cooperación internacional, la preparación de una Estrategia Nacional para el EUDR.

La propuesta se apoya en tres pilares: generar datos interoperables de geolocalización para demostrar la ausencia de deforestación; aclarar el marco legal aplicable; y gestionar los riesgos mediante difusión y fortalecimiento de capacidades a lo largo de las cadenas.

Cerrar la brecha de geolocalización es fundamental. Validar cerca de 86 000 polígonos de parcelas de café y cacao para completar el universo levantado al 2026 sigue siendo una prioridad. Pero la calidad de la información será tan importante como la cantidad. Los datos deben ser precisos, confiables y coherentes con la realidad en el terreno, y deberían poder utilizarse sin pedir varias veces la misma información a las familias productoras.

Esto es especialmente relevante porque gran parte del café y del cacao peruano se produce en sistemas agroforestales, donde los cultivos se asocian con árboles bajo múltiples arreglos espaciales y temporales. Dentro de una misma unidad productiva pueden coexistir parcelas de otros cultivos, pastos, purmas y bosques.

Esa diversidad hace más compleja la verificación mediante herramientas de teledetección y cartografía. Por ejemplo, podrían producirse falsos positivos si una parcela de café bajo sombra es clasificada erróneamente como bosque.

Abordar estas imprecisiones conceptuales y técnicas será fundamental para evitar que una herramienta creada para reducir la deforestación termine excluyendo del mercado europeo a productores que sí cumplen los requisitos. No basta, por tanto, con avanzar en la geolocalización; también se necesitan herramientas capaces de interpretar correctamente la realidad de los paisajes agroforestales.

El riesgo de exclusión

Aunque los operadores son responsables de demostrar el cumplimiento del EUDR mediante una declaración de debida diligencia, los productores y sus organizaciones generan buena parte de la información que la sustenta.

Levantar datos, ordenar documentos, actualizar registros y comprender los nuevos requisitos implican tiempo, costos y capacidades que no están distribuidos de manera uniforme. Hasta ahora, ese esfuerzo ha sido cubierto con frecuencia por cooperativas, asociaciones o proyectos de cooperación en coordinación con el Gobierno .

Sin embargo, se estima que menos del 30 % de los productores están asociados. Esto puede aumentar el riesgo de exclusión de quienes cuentan con menor capacidad organizativa, menor acceso a información o menos herramientas para gestionar los nuevos requisitos. Las discusiones con actores de la cadena en San Martín muestran también que persiste cierta confusión entre las exigencias del Reglamento y las certificaciones voluntarias.

Advertir el riesgo no es suficiente. Una transición inclusiva requiere acuerdos sobre quién asume los costos del levantamiento de información, la actualización de registros, la capacitación y el seguimiento de las parcelas, de modo que acceder al mercado europeo no implique una carga desproporcionada para quienes tienen menos capacidad de asumirla.

También supone que una alerta o un dato incompleto active mecanismos de asistencia, verificación y corrección antes de dejar a un productor fuera del mercado.

De cumplir una norma a mejorar el paisaje

El EUDR también puede abrir una oportunidad para fortalecer la conservación y la restauración desde un enfoque de paisaje.

Para ello es necesario comprender las condiciones socioecológicas de los territorios donde se produce café y cacao, donde existen brechas en el acceso formal a la tierra, diferencias en el acceso a información e incentivos, así como comprender las capacidades e intereses de las familias productoras.

También será necesario ampliar el acceso a financiamiento de mediano y largo plazo (ideal para procesos de restauración) y mejorar las condiciones financieras para los productores. Sostener los cambios en el tiempo dependerá además de que existan mercados capaces de reconocer y remunerar el valor adicional de una producción sostenible.

Para las mujeres productoras, por ejemplo, la preparación frente al EUDR depende de decisiones muy concretas: quién figura como titular de la parcela, quién recibe la información, en qué horarios se ofrecen las capacitaciones y quién representa a la familia o a la organización. Revisar estos aspectos, brindar asistencia técnica sensible al género y utilizar datos desagregados pueden contribuir a que su participación sea efectiva y no solo declarativa.

Visto desde el territorio, el cumplimiento puede fortalecer condiciones mucho más amplias que incluyen mejores sistemas de información, capacidades locales, acceso a financiamiento, restauración de áreas degradadas y conservación de las funciones ecosistémicas que sostienen la producción.

El EUDR no reemplaza las agendas nacionales de desarrollo rural, formalización de la tenencia o conservación, pero puede contribuir a articularlas alrededor de cadenas más transparentes y paisajes mejor gestionados.

Estas son, precisamente, algunas de las brechas que busca abordar en Perú el proyecto  Cumplimiento de la normativa de la Unión Europea con impacto paisajístico. La iniciativa es liderada por la Oficina Regional para América del Sur de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN SUR), en alianza con Landscape Alliance —CIFOR e ICRAF en acción— en el Perú y con el apoyo de la Iniciativa Internacional del Clima (IKI) del Gobierno Federal de Alemania. Su meta es que, para 2030, los actores de las cadenas de soya, carne, palma, café y cacao en América del Sur ofrezcan productos sostenibles y alineados con el EUDR.

Para el café y el cacao peruanos, cumplir con el EUDR será importante para conservar el acceso al mercado europeo. Pero el desafío va más allá de demostrar el cumplimiento. Se trata también de conseguir que la infraestructura, las capacidades y los acuerdos construidos durante este proceso permanezcan en el tiempo.

Si la trazabilidad sirve además para fortalecer a las organizaciones productoras, mejorar las decisiones sobre el territorio y canalizar inversión hacia sistemas agroforestales más resilientes, el resultado puede ir mucho más allá de demostrar que un producto está libre de deforestación: puede contribuir a sostener, al mismo tiempo, a las familias productoras, los paisajes sostenibles y los mercados.

Sobre los autores:

  • Martin Reyes es investigador asociado sénior de Landscape Alliance.
  • Cristina Rosero Ramírez es coordinadora regional del Proyecto Regulación de la EU y Paisajes en la Oficina Regional para América del Sur de la UICN.