La meseta de Managalas, en Papúa Nueva Guinea, alberga una asombrosa variedad de especies únicas y amenazadas, como el ave del paraíso de Raggiana (Paradisea raggiana), de plumaje color melocotón; el extraño equidna de pico largo (Zaglossus attenboroughi); y la mariposa más grande del mundo (Ornithoptera alexandrae).
Por eso no es difícil entender por qué esta meseta de 215 000 hectáreas de la provincia de Oro, encajada entre las escarpadas tierras altas de la isla principal y la costa noroeste, ha atraído la atención internacional de científicos y conservacionistas, sobre todo ahora que los intereses madereros, mineros y de las plantaciones de palma aceitera se acercan a esta región fértil y rica en minerales.
En 2017, tras 30 años de esfuerzos de las comunidades que habitan la meseta —en colaboración con la ONG local Partners with Melanesians (PWM) y con el apoyo de la Fundación Rainforest de Noruega—, la zona fue declarada área de conservación: la más extensa del país hasta la fecha.
Pero ¿qué significa realmente la conservación para las comunidades de Managalas?
En un país donde casi el 40 % de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y el 80 % depende de la agricultura de subsistencia, es especialmente crucial tomar decisiones acertadas sobre el uso del suelo: tanto para los medios de vida a corto plazo como para la sostenibilidad a largo plazo.

Además, debido al aislamiento de Managalas —la única carretera de salida está en mal estado y a menudo resulta intransitable, y las tres pistas de aterrizaje de la meseta están casi totalmente fuera de servicio—, sigue siendo un reto establecer conexiones viables con mercados más amplios para los cultivos comerciales.
Esta cuestión se ha vuelto especialmente urgente desde que el Área de Conservación de Managalas perdió su financiamiento poco después de la declaración oficial de la zona. Al no existir un plan de gestión de la conservación, no se reconocen las actividades realizadas y, lo que es más importante, no hay ningún tipo de monitoreo, por lo que quienes la apoyan no pueden dar a conocer los avances de la conservación”, afirmó William Unsworth, director de proyectos y responsable nacional en Papúa Nueva Guinea de Landscape Alliance. “[El área de conservación] acaba de declararse, pero para alguien de fuera parecería que no ha pasado nada”.
Ahora, Landscape Alliance busca contribuir a cerrar esta brecha de apoyo. En 2021, en la cumbre sobre el clima COP26 celebrada en Glasgow, la iniciativa Resilient Landscapes de la organización firmó un memorando de entendimiento con el gobernador de la provincia de Oro, el honorable Gary Juffa, para comenzar a desarrollar un enfoque de conservación comunitaria verdaderamente ascendente en Papúa Nueva Guinea, con Managalas como zona piloto.

Financiado por el Programa Nexus de la Unión Europea sobre Silvicultura, Cambio Climático y Biodiversidad (EU-FCCB), el proyecto tiene como objetivo apoyar a las comunidades de Managalas en su visión de un desarrollo económico sostenible en un paisaje forestal.
Hasta ahora, esto incluye actividades como el desarrollo de un mecanismo para garantizar el financiamiento de la gestión del área de conservación, la mejora de la conexión de la agricultura con los mercados, la investigación de productos forestales que puedan aprovecharse y gestionarse de manera sostenible, y la educación ambiental en las escuelas.
“Se tardó tanto en lograr que el área de conservación se declarara oficialmente que las personas que lideraron ese proceso están envejeciendo o ya han fallecido, y las generaciones más jóvenes se sienten menos identificadas con el concepto de conservación”, afirmó Unsworth.
“Existe una gran preocupación de que todo esto pueda desaparecer a medida que la generación de mayor edad vaya falleciendo. Por eso hemos reforzado el componente educativo: esperamos inspirar a la generación que hoy asiste a la escuela para que lleve adelante la visión de la conservación”.
Aunque el proyecto se centra actualmente en Managalas, el equipo espera ampliar su alcance si tiene éxito. “Se trata de una inversión considerable en un área lo bastante pequeña como para lograr avances realmente significativos hacia un modelo sostenible de conservación comunitaria en Papúa Nueva Guinea”, afirmó Unsworth. “Y, si lo hacemos bien, podrá replicarse dentro de la provincia y, en última instancia, extenderse a escala nacional”.
Dado que Papúa Nueva Guinea alberga nada menos que el 6 % de la biodiversidad terrestre conocida y almacena grandes cantidades de carbono en sus bosques primarios remanentes, estos esfuerzos podrían tener una relevancia mundial para la conservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático.
Sin embargo, llegar hasta ahí puede que se parezca al trayecto que sigue la mayoría de los visitantes para llegar a Managalas: un viaje lento y cauteloso por un camino accidentado y lleno de curvas.
Si desea obtener más información sobre este proyecto, póngase en contacto con William Unsworth (Landscape Alliance): [email protected]







