LANGUAGE

Buscar artículo

Convivir mejor con el fuego puede ayudar a prevenir incendios en la Panamazonía 

EN, ES, FR
9 min de lectura
Más allá de la respuesta a emergencias, la región requiere de estrategias preventivas construidas desde los territorios
Brigadistas de la comunidad campesina de Rayan, en Cusco, Perú, realizan podas regenerativas como una medida de prevención ante incendios forestales. Foto: Marlon del Águila/Landscape Alliance

La posibilidad de un episodio de El Niño potencialmente fuerte en los próximos meses ha vuelto a encender las alertas sobre el riesgo de incendios forestales en la Amazonía. El recuerdo de la crisis de 2023 y 2024 —marcada por sequías extremas e incendios de gran magnitud— sigue presente en una región cada vez más vulnerable a los efectos combinados del cambio climático y la degradación forestal. 

El bioma de bosques húmedos, donde el fuego natural es poco frecuente, enfrenta cada vez más el peligro que representan los incendios para el clima, la salud, los medios de vida y la integridad de los ecosistemas.  

Sin embargo, no todo fuego es igual. Para muchos Pueblos Indígenas y comunidades locales de la Panamazonía —incluidas comunidades tradicionales, campesinas y ribereñas—, el fuego forma parte de sistemas de conocimiento, producción de alimentos, manejo territorial y prácticas culturales desarrollados durante generaciones. Desde la habilitación de pequeñas parcelas agrícolas hasta actividades domésticas, ceremoniales o de subsistencia, el fuego está presente en la vida de las comunidades. 

Por ello, la pregunta urgente a incluir para mejorar la gestión de incendios no debería ser “¿cómo eliminar el fuego?” sino más bien cómo manejarlo mejor.  

Esta es una de las reflexiones que orientó el proyecto “Fuego y territorio: saberes tradicionales para el manejo del fuego en la Amazonía” (FUTERRA), liderado por Landscape Alliance en el marco del Global Fire Management Hub. El análisis de iniciativas en países como Bolivia, Perú y Brasil muestra cómo las comunidades se han organizado para prevenir incendios, implementando prácticas colectivas, en momentos adecuados y con conocimiento del clima, la vegetación y el comportamiento del fuego para reducir riesgos.  

En el marco de FUTERRA, análisis realizados por las y los investigadores del proyecto, junto con talleres y espacios de intercambio desarrollados en la región, exploraron qué se necesita para fortalecer la gestión del fuego en la Panamazonía. 

Del combate al manejo: un cambio necesario  

Durante mucho tiempo, las políticas públicas frente al fuego se han concentrado en la supresión: detectar, movilizar brigadas y apagar incendios. Esta respuesta es indispensable cuando el fuego amenaza vidas, bosques o infraestructura, pero resulta insuficiente si no está acompañada por acciones preventivas. 

El Manejo Integral del Fuego (MIF) propone una mirada distinta. En lugar de entender el fuego únicamente como una emergencia, lo aborda como parte de una realidad ecológica y social más amplia. Esto implica actuar antes, durante y después de los incendios mediante prevención, uso planificado, respuesta rápida, restauración y fortalecimiento de capacidades locales. 

No se trata de promover el uso indiscriminado del fuego, sino de diferenciar entre incendios forestales y prácticas tradicionales o controladas que forman parte de sistemas de gobernanza territorial. 

Esta distinción es crucial. Cuando las leyes tratan todo uso del fuego como una amenaza, pueden debilitar la prevención, invisibilizar prácticas tradicionales y limitar la colaboración con quienes mejor conocen el territorio. 

Valorar y fortalecer los conocimientos locales 

En distintos países amazónicos, las comunidades han desarrollado formas de usar el fuego con reglas propias: calendarios de quema, observación de vientos y humedad, manejo en mosaicos, selección de horarios, control colectivo y transmisión de conocimientos entre generaciones.  

Estas prácticas no son improvisadas. Responden a condiciones ecológicas, sociales y culturales específicas. En algunos contextos, las quemas tradicionales de baja intensidad ayudan a reducir la acumulación de biomasa seca, mantener paisajes diversos y evitar que el fuego se convierta en un incendio de gran escala. En otros, son parte de la agricultura familiar, la seguridad alimentaria y la continuidad cultural.  

El problema surge cuando esas prácticas se realizan en condiciones climáticas cada vez más extremas, sin apoyo técnico, sin coordinación institucional o bajo presiones económicas que empujan a usar el fuego en momentos de mayor riesgo.  

Por ello, los análisis realizados en el marco de FUTERRA destacan que la integración de los conocimientos indígenas y comunitarios no constituye únicamente un reconocimiento cultural, sino un componente estratégico del MIF. Sin la participación activa de quienes conocen y habitan los territorios, resulta difícil construir estrategias efectivas de prevención. 

Lecciones desde Bolivia, Brasil y Perú 

Desde la cuenca del río Ene, en la Amazonía peruana, hasta el bosque seco Chiquitano de Bolivia, las experiencias analizadas durante el proyecto muestran que el MIF está echando raíces en la región y generando resultados concretos.  

En Bolivia, programas de manejo comunitario del fuego han combinado calendarios participativos de quema, brigadas locales, sistemas de alerta, mapeo comunitario y coordinación con gobiernos subnacionales. El resultado ha sido una mayor capacidad local para prevenir y responder rápidamente a incendios. 

En Brasil, las brigadas indígenas apoyadas por políticas públicas federales han consolidado un modelo de cogestión entre instituciones ambientales y pueblos indígenas. La ampliación de los periodos de contratación de brigadistas ha permitido fortalecer la prevención durante todo el año, superando una lógica centrada en las emergencias. 

En Perú, la iniciativa PAAMARI, impulsada por las comunidades asháninkas de la selva central de Perú, ha logrado integrar conocimientos ancestrales, monitoreo satelital, vigilancia indígena y restauración ecológica para reducir riesgos y fortalecer la gobernanza territorial. 

Aunque responden a contextos distintos, estas experiencias comparten una misma premisa: la prevención funciona mejor cuando se construye desde los territorios. Las iniciativas revisadas durante el proyecto muestran que la integración entre conocimientos tradicionales, tecnologías accesibles y políticas públicas puede fortalecer la gobernanza, ampliar la capacidad operativa en zonas remotas y generar respuestas más legítimas y sostenibles frente al fuego. 

Cuatro caminos para una Amazonía más resiliente 

A pesar de los avances, persisten barreras para consolidar el MIF en la Panamazonía, entre ellas marcos legales restrictivos, financiamiento insuficiente, fragmentación institucional y limitada participación de los actores territoriales. 

Los análisis realizados en el marco de FUTERRA muestran, además, que el riesgo de incendios en la Panamazonía sigue siendo elevado y transfronterizo. Si bien en 2025 los incendios se redujeron respecto a los niveles récord observados en 2024, la vulnerabilidad de la región continúa siendo alta. Frente a este escenario, los investigadores identifican cuatro prioridades estratégicas: 

• Reconocer el uso cultural del fuego. Integrar los conocimientos ancestrales y las prácticas tradicionales en las políticas y programas de manejo, diferenciando claramente entre incendios forestales, quemas prescritas y usos culturales del fuego. 

• Fortalecer la gestión desde los territorios. Impulsar la planificación participativa, la formación de brigadas locales y la combinación de conocimientos tradicionales con herramientas como sistemas de monitoreo y alerta temprana, adaptadas a cada contexto. 

• Invertir en prevención, no solo en emergencias. Garantizar financiamiento permanente para la prevención, la restauración ecológica y el fortalecimiento de capacidades comunitarias, reduciendo la dependencia de recursos temporales destinados únicamente a la respuesta ante desastres. 

• Impulsar una cooperación panamazónica. Fortalecer la coordinación entre países, comunidades, instituciones y organizaciones mediante sistemas interoperables de monitoreo, intercambio de información y espacios conjuntos para la toma de decisiones. 

La región tiene la oportunidad de pasar de respuestas estacionales frente a los incendios hacia una gestión del fuego más integral, capaz de articular conocimientos tradicionales, comunidades, instituciones y herramientas técnicas alrededor de un objetivo común: convivir mejor con el fuego para reducir sus riesgos. De lo contrario, la degradación forestal y otras presiones sobre los bosques seguirán alimentando las condiciones que favorecen nuevas crisis. 

Agradecimientos:

Liderado por Landscape Alliance en el marco del proyecto de la FAO “Global Fire Management Hub: fortalecimiento de la reducción del riesgo de incendios forestales y la preparación ante estos”, financiado por el Gobierno de Canadá, FUTERRA busca fortalecer el reconocimiento y la integración de los conocimientos indígenas, las prácticas tradicionales y las experiencias comunitarias en los enfoques de manejo integral del fuego.  

La iniciativa se implementa en colaboración con la Red Bioamazonia, el Instituto Boliviano de Investigación Forestal (IBIF) y la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA).