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Purmas: cuando la chacra descansa, el paisaje se reconecta

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9 min de lectura
Ni bosque ni cultivo. Las purmas son la trama de un sistema socioecológico que da forma a los mosaicos agroforestales amazónicos. Reconocerlas y reconocer los saberes de quienes las manejan es una decisión estratégica para la política pública del Perú.
Un pequeño productor trabajando en su purma en Ucayali, Perú. Ernesto Benavides/Landscape Alliance

La agricultura familiar en la Amazonía peruana no empieza ni termina en el cultivo. Entre chacra y chacra, la tierra descansa y el bosque vuelve a crecer. Así surgen las purmas: áreas de vegetación secundaria en regeneración natural que las familias agricultoras manejan según sus conocimientos, valoraciones y estrategias productivas: qué árboles dejar en pie, cuándo cortar, qué especies útiles favorecer.

Este ciclo, chacra y vegetación secundaria en permanente alternancia, configura mosaicos agroforestales donde cultivos, árboles y regeneración se alternan en el tiempo y se entrelazan en el espacio. Es la base de la agricultura de barbecho practicada por cientos de miles de familias en la Amazonía peruana y una de las estrategias más antiguas para mantener la productividad del suelo, conservar biodiversidad y sostener servicios ecosistémicos.

Sin embargo, este patrimonio productivo, ecológico y social sigue siendo prácticamente invisible en las políticas públicas. Las purmas no encajan fácilmente en las categorías establecidas por la legislación forestal ni por la agraria: no son simplemente bosques que conservar ni cultivos que fomentar, sino arreglos dinámicos de uso de la tierra que combinan producción, regeneración y manejo.

Esta invisibilidad supone que más de 190 000 familias agricultoras, que gestionan aproximadamente 3,5 millones de hectáreas de mosaicos agroforestales de barbecho, lo hagan sin suficiente seguridad jurídica ni acceso adecuado a incentivos y bajo regulaciones que a menudo desconocen o penalizan sus prácticas.

Al mismo tiempo, la expansión de monocultivos, la intensificación del uso del suelo y el acortamiento de los periodos de alternancia entre cultivo y barbecho, junto con regulaciones internacionales como el Reglamento de la Unión Europea sobre productos libres de deforestación (EUDR), amenazan con desplazar u homogeneizar estos mosaicos antes de que se reconozca plenamente su valor.

En el Infobrief Gestión integrada de purmas en mosaicos productivos amazónicos: claves para la política forestal peruana, elaborado junto con César Sabogal, analizamos la situación de las purmas, su permanencia al margen de las políticas públicas y proponemos una hoja de ruta para cambiar esa realidad.

La purma es mucho más que una etapa de descanso. Es un proceso en evolución, en el que la vegetación se desarrolla con el tiempo, acumulando biomasa, diversidad florística y funciones ecológicas. Dentro de una misma unidad productiva familiar pueden convivir purmas en distintos estados de desarrollo.

Esta complejidad dinámica es precisamente lo que las políticas actuales no logran capturar. Al clasificar las purmas de forma genérica como “bosque secundario”, la regulación forestal ignora que forman parte activa de un ciclo agrícola. Y al no reconocerlas como parte del predio productivo, la política agraria tiende a tratarlas como tierra improductiva.

El resultado es una doble exclusión. Sin criterios claros, la madera proveniente de estas áreas puede terminar en circuitos informales o perderse en las quemas. Al mismo tiempo, los servicios ecosistémicos que genera la vegetación al reconstituirse —fertilidad del suelo, agua, carbono y biodiversidad— no se atribuyen a la práctica del barbecho ni a quienes la sostienen. Así, las familias pierden la oportunidad de que su rol sea reconocido y de beneficiarse de ese manejo mediante incentivos, asistencia técnica y acceso a mercados.

Plantación de madera de rápido crecimiento en área de purma de pequeño productor, Ucayali, Perú. Foto de Ernesto Benavides/Landscape Alliance.

Una solución basada en la naturaleza

El potencial de las purmas va mucho más allá de la recuperación de la salud del suelo. En el Infobrief identificamos tres funciones clave que la investigación también confirma.

La primera es su contribución a la productividad y la resiliencia. Las purmas mejoran la fertilidad del suelo, regulan el ciclo hídrico y favorecen el control biológico de plagas. A lo largo del ciclo de barbecho, también permiten diversificar ingresos mediante madera, leña, productos no maderables —como frutos, flores o plantas medicinales— y servicios ecosistémicos.

La segunda es su papel en la restauración ecológica. La regeneración natural conecta fragmentos de hábitat, recupera suelos degradados y restablece funciones ecosistémicas a escala de paisaje. Cuando los agricultores enriquecen sus barbechos mediante la siembra o el trasplante de especies, este proceso puede acelerarse y diversificarse. En paisajes fragmentados, las purmas pueden actuar como corredores biológicos y, en la práctica, reconectar el bosque con la chacra.

La tercera es su contribución a la mitigación y adaptación climáticas. Las purmas acumulan carbono con rapidez, aunque los valores varían según su edad, suelo y manejo. Su diversidad de especies y estructuras también les confiere mayor capacidad de respuesta frente a sequías, plagas y eventos extremos que los monocultivos que, en muchos casos, las reemplazan, fortaleciendo así la resiliencia de los medios de vida que dependen de ellas.

Para aprovechar esta multifuncionalidad dentro de un marco normativo adecuado, un primer paso es desarrollar una tipología de purmas según su estructura, composición, edad y uso. Esto permitiría diseñar instrumentos diferenciados de manejo e incentivos según el potencial de cada tipo. La tipología debería construirse con los propios agricultores e integrar sus categorías locales, de modo que los instrumentos técnicos y los saberes de campo hablen el mismo idioma.

Pequeño productor guía a investigadora por su parcela y purmas. Foto de Ernesto Benavides/Landscape Alliance.

Un enfoque de mosaico

Reconocer la multifuncionalidad de las purmas no será suficiente si las políticas que regulan su gestión continúan divididas entre lo forestal y lo agrario. Las purmas y los mosaicos de usos y coberturas que integran exigen un enfoque integrado: un marco en el que producción, conservación y restauración no compitan por el mismo espacio, sino que se planifiquen como funciones complementarias y se manejen de manera adaptativa dentro de un mosaico dinámico.

Esto es especialmente urgente en los territorios de interfaz bosque-agricultura, donde las purmas constituyen un nexo ecológico funcional entre ambos espacios. Un enfoque de mosaico también permite reconectar los sistemas de conocimiento —local, indígena y científico— que hoy informan por separado las decisiones sobre un mismo paisaje.

Pero el reconocimiento legal sería apenas el primer paso. La hoja de ruta propuesta también contempla instrumentos económicos, como la inclusión de las purmas en programas de pagos por servicios ecosistémicos, mercados de carbono y biodiversidad, y cadenas de valor formalizadas para productos maderables y no maderables.

El futuro de las purmas tampoco se decide solo en Lima ni en las regiones amazónicas. Regulaciones internacionales como el EUDR están redefiniendo qué se considera “tierra libre de deforestación” en los mercados internacionales. La guía de la Comisión Europea precisa que la tierra en barbecho temporal se considera, en general, bajo uso agrícola hasta unos diez años, siempre que la normativa nacional no la haya designado como bosque. El riesgo se concentra en las purmas maduras, que superan los umbrales estructurales de bosque y cuya reincorporación al cultivo puede interpretarse como conversión, aunque forme parte de un ciclo agrícola extensivo.

Por ello, la forma en que el Perú clasifique sus purmas se vuelve decisiva: puede proteger las prácticas extensivas tradicionales o favorecer usos más fácilmente reconocibles bajo los estándares internacionales. El mecanismo regulatorio ya genera incentivos en esa dirección, aunque su impacto empírico sobre los mosaicos de barbecho amazónicos aún no está documentado.

Fortalecer los marcos conceptuales sobre las purmas, con evidencia robusta basada en conocimientos locales, monitoreo participativo y categorías normativas precisas, es también una condición para evitar que las familias agricultoras queden excluidas de las oportunidades que ofrecen los mercados verdes y las finanzas climáticas.

Reconocer las purmas como arreglos de uso de la tierra complejos, productivos y multifuncionales cambia la pregunta de fondo. Ya no se trata de forzarlas dentro de marcos normativos inadecuados, sino de construir un marco capaz de valorar lo que estas prácticas ya hacen sobre el terreno.

Dar a las purmas nombre, lugar y reglas claras podría ser uno de los pasos más concretos y costo-efectivos para avanzar hacia una Amazonía donde la conservación de la biodiversidad, la acción climática y el bienestar de las familias agricultoras se refuercen mutuamente, en lugar de competir.

Dos nuevas iniciativas de investigación permitirán avanzar en esa dirección y convertir esta hoja de ruta en acción concreta. El proyecto FABRIKs (Fallow Agroecology, Biodiversity and Resilience through Integrating Knowledge Systems), financiado por el Global Centre on Biodiversity for Climate del Gobierno del Reino Unido y liderado por Landscape Alliance, desarrollará en San Martín, Ucayali y Amazonas marcos de política, cadenas de valor y plataformas de conocimiento codiseñadas con agricultores, Pueblos Indígenas y autoridades, poniendo en diálogo saberes locales e indígenas con evidencia científica para promover el manejo de las purmas bajo principios agroecológicos.

A partir de esta base, el proyecto PURMA (Paisajes, Usos de la Tierra y Restauración en Mosaicos Amazónicos) —financiado por el STC-CGIAR y liderado por Landscape Alliance junto con el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) y la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza (UNTRM)— ampliará esta agenda al ámbito de la política forestal nacional. Durante los próximos 30 meses, PURMA generará evidencia e instrumentos de monitoreo para reconocer la gestión sostenible de las purmas como una contribución a la productividad agroforestal, la conservación de la biodiversidad y las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) del Perú.

El desafío ahora es que las purmas dejen de ocupar un vacío en las políticas y pasen a ser reconocidas como una prioridad de gestión en los territorios amazónicos. No olvidemos que cuando la chacra descansa, no solo crece el bosque, sino que también se sostienen vidas, economías y oportunidades para la restauración, la acción climática y los medios de vida rurales.