El 2024 fue un año récord de incendios forestales en la Amazonía, marcado por condiciones extremas de sequía y altas temperaturas. El fuego devastó millones de hectáreas de bosque en los países que comparten este bioma, con fuertes impactos ambientales en la salud y en los medios de vida de las comunidades que gestionan paisajes forestales y dependen directamente de sus recursos.
“Las comunidades indígenas tienen una relación directa y permanente con el bosque, tanto para la caza, las plantas medicinales y los materiales para construir las viviendas. Con los incendios de 2024 el daño fue casi total en los territorios”, señaló Juanito Cuéllar, líder de una brigada de bomberos forestales comunitarios en la Chiquitanía boliviana.
Sus palabras resonaron durante el Encuentro Panamazónico sobre Cultura, Uso y Manejo del Fuego que se realizó del 3 al 5 de marzo en Santa Cruz de la Sierra, uno de los departamentos más afectados por los incendios de 2024 en Bolivia, país que —junto a Brasil— registró la mayor devastación de bosques, seguido por Perú.
Desde la Tierra Indígena del Xingu, en Brasil, el cacique Yuri Kuikuro dio cuenta de cómo las comunidades están en primera línea: “En 2020, un incendio empezó a devorar el bosque y no llegó ayuda aérea. Entonces nos organizamos. Combatimos el fuego sin equipos de protección, porque esa era nuestra realidad en ese momento”.


En medio de desafíos crecientes como el cambio climático y la deforestación, desde los territorios amazónicos como el Xingu la respuesta contra los incendios hoy se fortalece a partir de la prevención y los conocimientos sobre el uso tradicional del fuego como herramientas de gestión.
“No vemos al fuego como el villano que muchas veces se presenta. Para nosotros tiene un papel fundamental en nuestra existencia”, señaló Pedro Paulo Xerente, líder indígena del estado de Tocantins, Brasil, en referencia al uso ancestral de un elemento que les ha permitido cocinar, abrigarse y producir alimentos, pero que hoy requiere una gestión adaptada impulsada por la suma de esfuerzos.
A través del diálogo intercultural e intersectorial, el encuentro buscó fortalecer la cooperación regional y avanzar hacia una articulación panamazónica en torno al Manejo Integral del Fuego (MIF). “Es clave unir diversas experiencias y saberes para generar información de calidad y construir caminos hacia esta incidencia conjunta”, señaló Alison Castilho, coordinador territorial de CIFOR-ICRAF Brasil, durante el encuentro coorganizado por CIFOR-ICRAF y la Red Bioamazonia, con el apoyo del Global Fire Management Hub, liderado por FAO.
Entender el fuego en la Amazonía
“El MIF deja de ver el fuego únicamente como un enemigo que debe ser combatido y empieza a tratarlo como una herramienta de gestión”, explicó Castilho ante una audiencia de sesenta participantes de Bolivia, Brasil, Perú, Colombia y Ecuador, entre ellos representantes de organizaciones indígenas, gobiernos, organizaciones no gubernamentales y centros de investigación.
En ese marco, el MIF fue presentado como un enfoque que va más allá de la respuesta a emergencias, incorporando la prevención, el uso planificado del fuego y la articulación entre conocimientos tradicionales, técnicos y científicos para una mejor gestión de los territorios.
Los y las representantes de comunidades amazónicas compartieron cómo el fuego forma parte de la vida cotidiana y del manejo del territorio: se utiliza para cocinar, elaborar materiales como flechas y artesanías, preparar medicinas, iluminar en contextos sin electricidad y dar calor en tiempos de friajes o heladas. “El fuego es vida, es economía, es esperanza”, apuntó Saúl Vega, vicepresidente de la Central Asháninka del Río Ene (CARE) de Perú.


Además, destacaron el papel histórico del fuego como herramienta agrícola. “En el campo usamos el fuego principalmente para limpiar las chacras, fertilizar el suelo y poder cultivar, no para quemar el bosque”, señaló Flor Reyes, brigadista de la comunidad campesina Palomar de Ollantaytambo, en Cusco, Perú.
Estas prácticas se realizan en áreas reducidas y forman parte de sistemas productivos cíclicos que permiten la regeneración del bosque. “La agricultura itinerante implica ciclos de uso y descanso del suelo que permiten su recuperación. No se trata de un proceso lineal de degradación, como muchas veces se asume”, explicó Fernanda, investigadora del Instituto Mamirauá que integra la Red Bioamazonia.
Nuevos desafíos para el manejo del fuego
“Antes usábamos el fuego para preparar la chacra, guiándonos por el viento y quemando al mediodía. Pero hoy el clima ha cambiado drásticamente”, explicó Vega.
Como él, otros participantes coincidieron en que las condiciones que antes permitían manejar el fuego de forma segura están cambiando rápidamente. El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y los cambios en los patrones de lluvia están haciendo más difícil controlar incluso las quemas tradicionales.
Detrás de estos escenarios climáticos, los participantes identificaron factores que van más allá de las prácticas comunitarias: la expansión de la frontera agrícola, el uso especulativo del fuego para acaparamiento de tierras y la falta de control y sanción para las actividades ilegales. “Nosotros abrimos cuatro o cinco hectáreas como máximo para trabajar y producir alimentos. En cambio, los empresarios abren 500 o incluso miles de hectáreas”, señaló Ignacia Supepi, lideresa indígena y bombera forestal de Bolivia.
A ello se suman desafíos persistentes en el ámbito institucional. En muchos casos, las políticas públicas continúan abordando el fuego desde una lógica restrictiva y punitiva, sin diferenciar entre el uso tradicional y los incendios destructivos. Además, la gestión centralizada y la falta de recursos y equipamiento en zonas rurales limitan una respuesta efectiva.
Grupo de trabajo de Brasil durante el encuentro Panamazónico. Foto: CIFOR-ICRAF
Estrategias desde los territorios
Frente a estos desafíos, en distintos territorios, las comunidades han desarrollado sistemas propios de prevención de incendios, como calendarios de quema, reglas internas sobre cuándo y dónde usar el fuego, y prácticas como la reducción de material combustible alrededor de las viviendas. “En la comunidad tenemos una carpintería, donde recolectamos residuos de madera y los transformamos en productos como utensilios u otros objetos útiles”, detalló Supepi.
En Perú, por ejemplo, comunidades nativas y campesinas han implementado sistemas de alerta temprana con banderas de colores que indican el nivel de riesgo, complementados con radios comunitarias, mensajería móvil y el uso de datos meteorológicos locales para anticipar condiciones de peligro. Estas herramientas permiten anticipar escenarios de riesgo y actuar de forma coordinada.
Las brigadas comunitarias —o “cuadrillas”, como se conocen en Bolivia— son parte fundamental de las estrategias. En varios territorios, no solo actúan en el combate de incendios, sino también en labores de monitoreo, sensibilización, capacitación y restauración. En muchos casos, además, funcionan de manera voluntaria, sostenidas por el compromiso de las propias comunidades, a pesar de las limitaciones de recursos y apoyo logístico.
En paralelo, el uso de tecnologías adaptadas al contexto local y, en algunos casos, en idiomas locales o indígenas, viene ganando espacio. Desde aplicaciones móviles para monitorear focos de calor hasta sistemas de vigilancia con sensores y cargadores solares, estas herramientas fortalecen la capacidad de respuesta, especialmente en territorios remotos.
Estas acciones también se apoyan en alianzas con organizaciones no gubernamentales e instituciones públicas, que contribuyen con capacitación, equipamiento, generación de información e incidencia en políticas públicas que incluyan los conocimientos y experiencias de actores territoriales en torno al fuego. En algunos países, como Brasil, se han registrado avances en la integración del manejo integral del fuego en políticas públicas, incluyendo la formación de brigadas y el desarrollo de planes territoriales.
En Bolivia, a nivel subnacional, Santa Cruz cuenta con una política departamental de manejo integral del fuego —la única de este tipo en el país— que incorpora enfoques inclusivos y reconoce el uso cultural del fuego. Sin embargo, su implementación aún es incipiente.
Una agenda común para la Amazonía
El encuentro dejó claro que los desafíos que enfrenta la Amazonía son compartidos y requieren respuestas articuladas. Este proceso también puso en evidencia la necesidad de que las estrategias, la información y el financiamiento respondan mejor a las realidades territoriales —incluyendo de manera enfática a mujeres y juventudes que muchas veces quedan fuera de estas discusiones— y que estos aprendizajes puedan escalar hacia espacios de toma de decisión.
En ese contexto, los participantes avanzaron en la construcción de una hoja de ruta regional para el manejo del fuego. Se definieron cinco directrices clave: reconocer e integrar el conocimiento ancestral en las políticas públicas; fortalecer la asistencia técnica para la producción de alimentos y el manejo del fuego; garantizar equipos y recursos para las comunidades; consolidar la gobernanza territorial; y ampliar la participación política de los pueblos indígenas y comunidades locales.
Participantes del primer día Encuentro Panamazónico sobre Cultura, Uso y Manejo del Fuego. Foto: Miguel Manchego/IBIF Bolivia
Además, el encuentro impulsó la creación de un Comité Ejecutivo, integrado por técnicos, investigadores y líderes territoriales, que dará continuidad a este proceso de diálogo y articulación regional de escala panamazónica.
“Queremos que este proceso continúe fortaleciendo las organizaciones y las alianzas en los territorios”, apuntó Castilho.
“Creo que ahora estamos en un buen camino. Veo que hay mucho interés en trabajar políticas públicas desde los Pueblos Indígenas, integrando los conocimientos ancestrales con el conocimiento científico. Esa es la mejor manera de lograr el objetivo que todos buscamos”, destacó Ignacia Supepi.
Agradecimientos:
El proyecto Fuego y territorio: Saberes tradicionales para el manejo del fuego en la Amazonía (FUTERRA) es una iniciativa impulsada en el marco del Global Fire Management Hub, coordinado por la FAO. FUTERRA busca fortalecer el reconocimiento e integración de los conocimientos tradicionales y las experiencias de comunidades indígenas en los enfoques de manejo integral del fuego.
La iniciativa es liderada por el Centro para la Investigación Forestal Internacional y Centro Internacional de Investigación Agroforestal (CIFOR-ICRAF), con el apoyo de la FAO, y el Gobierno de Canadá (GAC) en el marco del Global Fire Management Hub. Cuenta con la colaboración de la Red Bioamazonia, el Instituto Boliviano de Investigación Forestal (IBIF) y la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA).








