Los parques nacionales son buenos para los animales, pero no siempre para la gente, y en particular para las mujeres. Los parques restringen las actividades humanas. Debido a que las mujeres suelen tener menos recursos que los hombres y les es más difícil pasarse a nuevas actividades, muchas veces ellas tienen dificultades para adaptarse a las restricciones impuestas por las autoridades de los parques.
Bifa y Ebianomeyong de Camerún son buenos ejemplos de esto. Las dos aldeas llamaron la atención a los investigadores porque sus mujeres expresaron sus opiniones sobre un parque nacional vecino llamado Campo-Ma’an de forma abierta e inusual. "Mujeres en el Parque Nacional Campo Ma’an", escrito por A.M. Tiani, G. Akwah, y J. Nguiebouri relata la historia de estas mujeres.
Hasta hace poco, las mujeres de Bifa ganaban la mayor parte de su dinero vendiendo carne de monte en un pueblo cercano y en las plantaciones de caucho vecinas. Los hombres eran los que cazaban, pero las mujeres controlaban gran parte del comercio, así que ellas recibían el dinero. Luego el gobierno estableció el parque, y los guardias ecológicos empezaron a acosar a las mujeres y a confiscar su carne. Hasta entraban a sus cocinas para ver que cocinaban. Nadie nunca les explico a ellas las nuevas leyes de forma clara, ni les dijeron exactamente donde quedaban los límites del parque. Los guardias ecológicos no lograron evitar la caza, pero ahora los compradores entran al bosque de forma escondida y compran la carne directamente a los cazadores. Las mujeres comerciantes se quedaron sin trabajo.
En Ebianomeyong el gobierno cerró el camino que usaba la gente para llegar a la ciudad porque atraviesa el parque y quieren controlar a los cazadores furtivos. Pero de hecho, los cazadores utilizan poco este camino de todas maneras porque allí pueden ser fácilmente detectados. Las que realmente han perdido han sido las agricultores mujeres, quienes ya no pueden enviar más sus cosechas al mercado o llevar a sus niños enfermos al doctor.
En ambas aldeas las mujeres aceptan que no pueden librarse del parque. Lo que piden todas las mujeres de Bifa es que los encargados del parque definan claramente donde no se permite cazar y que no las molesten cuando la carne viene de otro lado. Las mujeres de Ebianemeyong incluso están listas a ayudar a las autoridades a controlar a los cazadores furtivos y a los madereros, a cambio de recibir algún empleo y ayuda con servicios locales. Esto no parece que es pedir demasiado. Los parques nacionales no siempre pueden reducir la pobreza, pero por lo menos no deben aumentarla.








